Millones de personas son obligadas a desplazarse a causa de desastres medioambientales

Desterrados por el cambio climático

No es una amenaza futura. Es algo que ya está aquí. Millones de personas han tenido que abandonar su hogar en los últimos años a causa de fenómenos climáticos adversos y esta cifra podría duplicarse por culpa del calentamiento global. Son los migrantes medioambientales, huyen de sequías, inundaciones o desastres naturales como si fuesen refugiados aunque legalmente no tienen reconocida esa condición.

(Foto: Acnur)

27 Abr | Ignacio Santa María | Soziable.es

Zonas rurales de Mauritania donde ha desaparecido el breve periodo de lluvias, islas del Pacífico que han experimentado una subida del nivel de mar, poblaciones del sudeste asiático anegadas por las lluvias torrenciales... Fenómenos rápidos  y fenómenos lentos que han obligado a millones de seres humanos a dejar su tierra para sobrevivir e intentar empezar una nueva vida en otro lugar.

“No hablamos de algo relacionado con un futuro hipotético sino que es una realidad que ya se está dando en la actualidad”, advierte Rosa Otero, del departamento de Comunicación de Acnur España. Esta agencia de la ONU para los refugiados calcula que una media anual de 21,5 millones de personas se han visto obligadas en los últimos 10 años a desplazarse de su lugar de origen como consecuencia de fenómenos naturales extremos como inundaciones, tormentas, incendios y períodos extendidos de calor intenso.

Esta cifra solo contabilizaría las víctimas de fenómenos rápidos, pero aumentaría si sumamos el número indeterminado de desplazados que huyen de fenómenos lentos pero inexorables como las sequías, la variabilidad de las lluvias, la degradación del suelo y el aumento del nivel de los mares. De acuerdo con las cifras expresadas en el Foro de Diagnóstico sobre las Migraciones Climáticas, celebrado en Madrid en noviembre de 2017, el número total de afectados, sumando estos dos tipos de fenómenos se acerca mucho a los 200 millones desde el año 2008.    

Rosa Otero (Acnur): "La probabilidad de que una persona se vea desplazada por un desastre natural se ha duplicado desde los años 70"

Pero el futuro es aún más negro. Si sigue aumentando la temperatura global –que ya ha subido un grado de media desde los años de la Revolución Industrial– la cifra de desplazados se multiplicará. “Es difícil hacer una estimación –reconoce Otero– porque también dependerá mucho de la capacidad que tengan los distintos países de mitigar los efectos del cambio climático”. No obstante, la asistente de Comunicación de Acnur apunta a que, “analizando la tendencia de estos últimos años, la probabilidad de que una persona pueda verse desplazada por un desastre natural se ha duplicado con respecto a los años 70”.

Gonzalo Fanjul, investigador en la Fundación PorCausa, también cree que la evolución del número de migrantes y desplazados por causas climáticas en los próximos años “es muy difícil de predecir”, aunque echa mano de una estimación del Servicio Noruego de Refugiados, que calcula al menos se duplicará el número de desplazados forzosos que hay actualmente.

Los más afectados

Si tomamos como referencia el año 2017, la temporada de huracanes del Caribe fue la más devastadora de la historia, en el sur de Asia, las grandes inundaciones monzónicas afectaron a 41 millones de personas y en África, la sequía severa llevó a casi 900.000 personas a tener que abandonar sus hogares.

Preguntada por las regiones del planeta que revisten más riesgo para los años venideros, la directora de Programas de Greenpeace, Cecilia Carballo, hace esta lista:  “el continente africano y zonas costeras de Asia, en particular Bangladesh y las islas del Pacífico, pero también la región mediterránea, Florida o California en EE. UU. y algunas regiones de América Latina”.

Cecilia Carballo (Greenpeace): "La degradación ambiental afecta más a las personas que dependen del entorno y los recursos naturales para subsistir”

“Nadie va a quedar excluido (ni siquiera el sur de España), pero la combinación letal más evidente es la de aquellos países que combinen alta densidad de población con alta vulnerabilidad al cambio climático. Haití y la República Democrática del Congo son dos ejemplos evidentes, también Filipinas, Bangladesh, etc.”, opina Fanjul.

Desde Acnur, Otero señala: “En principio, ninguna región es inmune al cambio climático pero el riesgo de desplazamiento es mucho mayor en países o regiones con mayor población y aquellos que no cuentan con los recursos para prepararse adecuadamente”. Por este motivo, son las regiones más pobres las que tienen más probabilidades de verse afectadas por estos motivos. “Es una probabilidad mucha mayor que en los países más desarrollados “, recalca.

Carballo incide en esta idea: “Hay que entender que la degradación ambiental influye directamente en la vida de las personas en situación de mayor vulnerabilidad por la estrecha dependencia que mantienen con el entorno y los recursos naturales para subsistir”. Sin embargo, la directora de Programas de Greenpeace señala la paradoja de que “el cambio climático, la desertificación y la pérdida de biodiversidad son consecuencia de modelos de producción y consumo que han surgido en las sociedades de los países enriquecidos y se están globalizando”.

Sin la condición de refugiados

“Es muy común oír hablar de ‘refugiados climáticos’ pero ese término es engañoso”, aclara Otero, en referencia a que la definición de refugiado que establece la Convención de Ginebra no contempla la huida por motivos medioambientales y también a que la mayoría de quienes escapan a los desastres medioambientales suelen ser desplazados internos, es decir, no cruzan ninguna frontera, requisito que también establece la legislación internacional.

La expresión “refugiados climáticos” hizo fortuna en la Cumbre del Clima de París de 2015, y tiene su origen en el discurso que el director general de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), William L. Swing hizo en aquella ocasión donde se refirió a ambos conceptos: “Nos enfrentamos a grandes movimientos migratorios y de refugiados, y el cambio climático es una de las causas fundamentales del número récord de personas que se han visto obligadas a migrar”.

Ciertamente, en muchas ocasiones los problemas medioambientales llevan aparejada la aparición de conflictos y violencia, con lo que los conceptos de migrante climático y refugiado se pueden dar a la vez. Otero cita como ejemplo claro de esto la hambruna que se extendió por Somalia, Kenia y Etiopía entre 2011 y 2013 a causa de una gran sequía. A aquel desastre se sumó la violencia que ejercía el grupo islamista Al Sabah.

Gonzalo Fanjul: "Los migrantes medioambientales sufren lo mismo que las víctimas de otras formas de desplazamiento forzoso"

En cualquier caso, las personas que se ven obligadas a desplazarse o emigrar por fenómenos naturales sufren los mismos traumas y peligros que angustian a los refugiados. Fanjul observa que los migrantes medioambientales “sufren desarraigo, pérdida de medios de vida, incapacidad de retorno, es decir, lo mismo que sufren todos aquellos que son víctimas de otras formas de desplazamiento forzoso, excepción hecha del trauma de la violencia o la tortura propias de un conflicto”. Por este motivo, los migrantes ambientales precisarían de un grado similar de protección internacional del que disfrutan los refugiados.    

Otero menciona algunos mecanismos legales de protección que ya existen: “Cuando una persona se ve obligada a desplazarse dentro de su territorio el responsable es el propio estado. Por otra parte, los Principios Rectores para los Desplazamientos Internos de 1998 se aplican también a los deplazamientos por causas medioambientales. Asimismo hay legislación regional como la Convención de Kampala o la Declaración de Cartagena, también amparan a estas personas”.

Hay otras iniciativas interesantes como la que emprendió en 2017 el primer ministro de Nueva Zelanda, quien propuso crear una categoría específica de visado para las personas de las islas del Pacífico que se iban a ver forzadas a huir por el incremento del nivel del mar.

“Es bueno identificar esas iniciativas que se están poniendo en marcha en los ámbitos locales y regionales y partir de ellas para crear un régimen de protección global”, plantea Otero.

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