Ashes To Life destina el 10% de su facturación a la investigación para restaurar entornos arrasados por el fuego

Cenizas que dan una vida nueva a los bosques incendiados

El proyecto medioambiental Ashes To Life (cenizas para la vida) nace de la sensibilidad medioambiental de Alejandro de Antonio, un creativo publicitario al que un día se le ocurrió financiar la restauración ecológica de bosques incendiados a través de la comercialización de productos cosméticos elaborados a partir de la ceniza.

Ramas y cenizas que utiliza Ashes to Life.

20 Abr | I.S.P. | Soziable.es

Las masas forestales son vitales en la regulación climática y, por tanto, en la pervivencia del planeta. Lamentablemente, muchos de estos ecosistemas están desapareciendo rápidamente debido a la tala indiscriminada, los procesos de urbanización y los incendios forestales, que cada vez son más numerosos y violentos por efecto del cambio climático.

Alejandro de Antonio, socio fundador de Ashes To Life, lleva 20 años en el mundo de la publicidad aunque siempre había colaborado con ONG en proyectos medioambientales. En 2014, la noticia de un devastador incendio forestal en el Parque Natural de la Sierra de Tejeda, le produjo una gran conmoción: “Fue una mezcla de emociones, desde la tristeza a la rabia”. Pero la indignación se convirtió al instante en una llamada a la acción tanto para Alejandro como para sus otros dos compañeros de viaje con los que inició esta aventura. “Fue entonces cuando nos planteamos el reto de encontrar una alternativa que contribuyese a reducir las drásticas consecuencias de los incendios forestales”, recuerda.

"Nos dimos cuenta de que el residuo que quedaba tras un incendio, que es la ceniza, podía ser la solución”

“Nos planteábamos cómo podíamos recuperar esos entornos calcinados que se quedan en manos de las administraciones locales que muchas veces no actúan como deberían”. De Antonio alude a que muchas veces los trabajos que llevan a cabo empleados municipales tras un incendio pueden llegar a dañar aún más el suelo y hacerlo más vulnerable a la erosión. Por eso no le gusta hablar de “reforestación”, sino que utiliza la expresión “restauración ecológica”, porque, según dice, es preferible crear las condiciones para que el entorno de regenere por sí mismo que plantar ejemplares de especies que muchas veces no son autóctonas y que a menudo luego no son objeto de los cuidados necesarios.  

Fue entonces cuando cayeron en la cuenta de que no existía un protocolo de actuación para restaurar entornos incendiados, por lo que decidieron inciar una labor de investigación que diera como resultado un conjunto de pautas para hacer una restauración ecológica de un entorno dañado en función del tipo de incendio o de su intensidad. En un principio, quisieron financiar esta investigación con una campaña de ‘crowdfunding’ pero no lograron recaudar la cantidad que se habían propuesto. De las cenizas de aquel fracaso, brotó una nueva idea: había que crear una empresa que comercializara un producto atractivo y, a partir de esa actividad, financiar la investigación.

“Nos preguntábamos cómo podíamos ayudar a restaurar esos entornos que son indispensables para nuestra supervivencia y nos dimos cuenta de que el residuo que quedaba tras un incendio, que es la ceniza, podía ser la solución”, explica el socio fundador. La idea de emprender una actividad económica a partir de la comercialización de un producto sostenible se la sugirió Javier Goyeneche, fundador de Ecoalf, la empresa que produce ropa y calzado a partir de plástico recogido en el fondo del mar. Por ello, De Antonio considera a Goyenche su mentor.

Una antigua tradición

La idea de utilizar ceniza para fabricar productos cosméticos en realidad no es nueva: existen documentos de culturas antiguas como la babilónica, egipcia, griega, romana, que hacen referencia al uso del jabón. Los egipcios, usaban una pasta jabonosa de ceniza y arcilla mezclada con aceites naturales, resultando un recurso cosmético esencial para las capas más altas de la sociedad. Estos jabones, además de ser utilizados para limpiar el cuerpo, eran prescritos por los médicos para cuidar la piel.

Heredando esta tradición, ha nacido Ashes To Life, como marca de alta cosmética ecológica. “Con la ayuda de laboratorios especializados, hemos conseguido transformar la ceniza en productos ecológicos, y nuestro objetivo es realizar un proyecto de investigación medioambiental que nos permita devolver la vida a los bosques incendiados a partir de sus propias cenizas”.

"Haremos ediciones especiales asociadas a cada uno de los espacios que queramos recuperar"

En una primera fase, De Antonio y sus socios se han marcado como objetivo crear un protocolo y difundirlo a todas las administraciones locales para que sepan los pasos que hay que seguir tras un incendio. Como todavía no pueden entrar en los bosques arrasados para recoger ceniza, están fabricando los productos de cosmética a partir de un residuo que es la cáscara de coco y de los restos de la quema controlada de podas y destinan un 10 por ciento de la venta a financiar este proyecto de  investigación.

“Una vez que tengamos este protocolo y podamos entrar a los  terrenos donde ha habido un incendio se extraerá un porcentaje de ceniza y la certificaremos para su uso en cosmética. La venta de esos productos se destinará a la restauración ecológica de ese espacio. Haremos ediciones especiales de cada uno de esos espacios”, destaca el socio fundador de Ashes To Life.

Para garantizar la calidad de sus productos, la empresa ha acudido a  Bio.inspecta (www.bio-inspecta.ch), la entidad de certificación para la norma BioVidaSana, creada en 1983 y vinculada desde su fundación con el Instituto de Investigación en Agricultura Orgániza, de Suiza (FiBL), uno de los centros con más prestigio en el estudio de la producción ecológica a nivel mundial.

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