La historia que imaginó H. G. Wells establece paralelismos con la emergencia actual

El coronavirus y la guerra de los mundos

La situación que vive el planeta guarda paralelismos con la novela de H. G. Wells. Cosas que dábamos por seguras hasta hace pocas semanas se tambalean y en el horizonte aparecen el miedo y la incertidumbre. Ignoramos si esta crisis nos hará mejores, pero sí es seguro que saldremos de ella con la conciencia de nuestra fragilidad.

Ilustración de Henrique Alvim Corrêa para 'La guerra de los mundos'.

13 Abr | Chema Doménech | Soziable.es

«Con infinita suficiencia iban y venían los hombres por el mundo, ocupándose en sus pequeños asuntos, serenos en la seguridad de su imperio sobre la materia».

Nos enfrentamos a lo incierto del futuro y a la certeza de ver sufrir y morir a personas cercanas

La afirmación, incluida en el primer párrafo de 'La guerra de los mundos', podría servir como descripción gráfica de la sociedad de nuestro tiempo hasta hace apenas unas semanas. H. G. Wells no solo escribió novelas magistrales de la ciencia ficción como esta obra cumbre de la literatura fantástica, sino que a través de ellas profundizó en el espíritu humano de una forma tan certera que sus reflexiones siguen siendo válidas más de un siglo después. Y probablemente lo serán mientras la Humanidad siga existiendo.

'La guerra de los mundos', la historia en la que inesperadamente unas máquinas todopoderosas llegan a la Tierra procedentes de Marte y aniquilan a las personas y arrasan pueblos y ciudades con su letal 'rayo ardiente', guarda paralelismos inquietantes con la situación que vivimos. Hasta hace unas pocas semanas todavía nos creíamos invencibles. Con infinita suficiencia íbamos y veníamos ocupándonos de menudencias, dando por sentado que los pilares en los que se sostiene nuestro pequeño universo son sólidos e inamovibles. Escuchábamos las advertencias acerca del cambio climático con cierto escepticismo. Contemplábamos en los medios de comunicación las guerras, las hambrunas, las crisis humanitarias lejos, siempre demasiado lejos.

Y, de repente, lo inmutable hoy se tambalea, como escribe en una de sus canciones José Ignacio Lapido, uno de los autores más lúcidos del rock español. Nos enfrentamos a lo incierto del futuro y a la certeza de ver sufrir y morir a personas cercanas en las circunstancias más tristes y penosas. Al temor a sufrir la enfermedad en carne propia. A que nuestro sistema sanitario colapse. A la posibilidad de que el Estado no pueda garantizar nuestro bienestar. Nuestras vidas se han alterado absolutamente, las prioridades han cambiado, nada es igual a hace un par de meses. Pensamos en lo que está por venir, en las miles de empresas paralizadas, en los malos augurios sobre la economía... Y sentimos un miedo real. ¿Cómo hemos podido llegar a esto?, nos preguntamos todavía aturdidos y atónitos, como el campeón de boxeo se levanta de la lona tras ser noqueado por el aspirante al título.

Crítica a la superioridad del ser humano

La situación que atraviesa el mundo a consecuencia de la emergencia sanitaria no llega al nivel de dramatismo que describe la obra de H.G. Wells, pero no es mal momento para releerla en esta época de confinamiento. La novela, la primera obra en la que se abordaba una invasión marciana, contiene también una crítica al comportamiento del ser humano, a su manera de gestionar su superioridad sobre el resto de las especies que pueblan el planeta. Y no sólo en lo que respecta a otras especies, también se vislumbra la crítica hacia un colonialismo europeo que en algunos casos aniquiló o esclavizó a millones de personas de razas presuntamente inferiores. Si el ser humano se había conducido así, ¿por qué no iban a hacer lo mismo unos seres superiores llegados del planeta rojo?

Muchas voces advierten desde hace años del daño que nuestra forma de vida hace al medio ambiente. Del consumo exacerbado, de la explotación de recursos naturales, de los elevados niveles de emisiones de CO2 que contribuyen a aumentar la temperatura de un planeta que muestra signos de agotamiento. Esas voces reclaman ahora que la lucha contra el cambio climático se siga considerando una emergencia real cuando la pandemia haya cesado y el coronavirus ya no sea el foco de atención mundial. Que esta crisis sirva al menos para tomar conciencia de nuestra vulnerabilidad.

Estos días, empresas grandes y pequeñas están aportando lo mejor de sí mismas para hacer frente a las consecuencias de la emergencia. El concepto de responsabilidad social empresarial se materializa más que nunca tanto en esa pyme que readapta sus recursos para comenzar a producir mascarillas como en esa alianza de grandes compañías del Ibex-35 que dedican millones de euros a comprar material sanitario y ponen sus redes logísticas a disposición de las administraciones.

«Seguro que, aunque no hayamos aprendido nada más, esta guerra nos ha enseñado la piedad, piedad hacia esas almas sin razón que nosotros dominamos», escribe H. G. Wells en 'La guerra de los mundos'. Está por ver que de esta crisis del Covid-19 emerja una sociedad mejor, como dicen algunos, más unida, empática y comprometida con los problemas de los demás. Pero lo que sí es seguro es que saldremos sabiéndonos frágiles. Y tal vez, simplemente eso, sea ya un gran paso.

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