Atención psicosocial a los refugiados

La superación del duelo migratorio es otro de los retos que deben afrontar las personas que huyen de Ucrania

Hasta ahora han llegado más de 55.000 refugiados ucranianos España, todos ellos con múltiples necesidades, entre las que se encuentra la superación del duelo migratorio, caracterizado por el impacto psicológico que conlleva abandonar su país de origen y enfrentarse a un idioma, una cultura y unas costumbres distintas a las suyas. Los voluntarios de Cruz Roja trabajan en la atención psicosocial de los desplazados de Ucrania ofreciéndoles información y herramientas para que consigan superar ese duelo.

Voluntarios de Cruz Roja atienden a refugiados ucranianos.

18 Mayo 2022 | Redacción | Soziable.es

Los refugiados ucranianos que llegan a España (más de 55.000 hasta la fecha) y que son atendidos por Cruz Roja, son asesorados jurídicamente y se les ayuda a cubrir sus necesidades básicas, pero también son escuchados por voluntariado de atención psicosocial que les prestan apoyo para gestionar sus emociones y lidiar con lo que están viviendo. Muchos de ellos llegan al país en fase de shock y muy desorientados, lo cual intentan contrarrestar los voluntarios de diferentes maneras.

 

Cualquier momento de crisis personal que conlleve algún tipo de pérdida genera una serie de fases de duelo que van desde la negación, el enfado y la depresión, hasta la aceptación e incluso el aprendizaje de lo ocurrido. Aunque el duelo está más reconocido y asociado con la pérdida de seres queridos, realmente no es un proceso relacionado solamente con la muerte.

 

Cuando una persona abandona su país se origen, se aleja de sus raíces y todo lo que hasta ese momento era su vida cotidiana, vive una situación de pérdida que provoca la necesidad de pasar por un duelo migratorio, el cual se podrá superar en un periodo de tiempo mayor o menor, dependiendo de la capacidad de resiliencia y la ayuda que se reciba tanto del entorno, como de profesionales.

 

Mirada transcultural en la atención psicológica 

 

Por otro lado, “es muy importante tener en cuenta las diferencias individuales de cada persona, que no tiene por qué sentir lo mismo que otra”, recuerda María Abengózar, responsable del servicio psicológico del Programa de Protección Internacional de Cruz Roja. Asimismo, Abengózar racalcala importancia de una mirada transcultural en todo lo referente a la salud mental, que nosotros entendemos con una visión occidental pero que puede no ser compartida por otros países y culturas, por lo que se debe integrar en el abordaje psicológico.

 

Como en otros duelos, las fases de negación, resistencia, aceptación y restitución están presentes en todas las personas que salen de su país de origen y pasan por este proceso, como ocurre con las desplazadas por el conflicto en Ucrania. Lo normal es vivir el proceso con todas sus fases, es decir, se debe normalizar el proceso porque “en sí mismo no es patológico; al revés, es necesario adaptarse a la nueva realidad a la que se enfrentan”, añade Abengózar.

 

Enfrentarse a la realidad de aprender un idioma, aprender nuevas costumbres y rutinas, el funcionamiento de la administración o la economía, y adaptarse a nuevos sistemas educativos o sanitarios suponen un reto en el que Cruz Roja ayuda diariamente a quienes tienen estas necesidades.

 

La formación, el acompañamiento, y sobre todo la labor psicosocial y psicológica con las personas que llegan huyendo del conflicto son primordiales para que las costumbres, la nueva gastronomía y el entorno formen parte de una nueva vida.

 

Dependiendo del perfil de cada persona, su situación personal, vivencias y el propio estado psicológico, la capacidad de resiliencia en cada caso varía, lo que hace posible que algunas personas vayan a atravesar este proceso de manera rápida, y otras necesiten incluso años. Lo importante es que no se queden estancadas en la fase de duelo y para ello el trabajo de salud mental es muy importante. Además, una característica importante de este duelo es que aquello que se ha perdido no desaparece físicamente, por lo que cada vez que existe un nuevo contacto con lo que se dejó atrás se pueden revivir y reactivar los sentimientos y, por tanto, hay riesgo de recaer en el proceso.

 

La atención a personas refugiadas llegadas de Ucrania, que comparten origen y vivencias, conlleva que se puedan organizar pequeños grupos trabajo, como terapias de grupo, o talleres, lo que les facilita a superar, a nivel individual pero acompañados por sus semejantes, este duelo. A esta atención, además, se le suma toda la ayuda a título individual y seguimiento de cada caso. 

 

El Síndrome de Ulises 

 

Al duelo migratorio se une la posibilidad de aparición del Síndrome de Ulises, un cuadro emocional que viven las personas que han tenido que dejar atrás el mundo que conocían en situaciones extremas y que sufren millones de personas en el mundo. Aunque en muchos casos la migración es la solución para un problema que vive la persona en su lugar de origen (la falta de recursos, empleo o red social), no es un proceso sencillo.

 

Para quien migra a otro país su realidad se transforma por completo, máxime cuanto mayor sea la distancia a su lugar de origen. Estas personas dejan atrás a familiares y amigos, pero también la cultura y el entorno, lo que transforma su identidad. Además, en muchos casos se suma la vivencia de un viaje de riesgo, amenazadas por las mafias o en soledad. Adaptarse a una nueva realidad, en ocasiones, supera la capacidad de la persona, lo que hace necesario prestar especial atención a las necesidades y emociones de quienes se encuentran en esta situación.

 

Toda la situación migratoria se vuelve más complicada cuando coexisten dos factores: la vulnerabilidad y un entorno de acogida hostil. La persona migrante, al tener que afrontar tantos cambios a la vez, tiende con frecuencia a sentirse abrumada, insegura y a adoptar actitudes regresivas (más infantiles, menos autónomas), convirtiéndose en más dependiente, mostrando su frustración y dolor con quejas sin fundamento.

 

Además, el duelo migratorio es transgeneracional, no se agota en la persona inmigrante, sino que continúa en sus hijos e hijas y podría continuar en las siguientes generaciones si las personas migrantes no llegan a ser ciudadanas de pleno derecho en la sociedad de acogida, de ahí que sea muy importante tratarlo con la importancia que requiere.

 

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