Aeronaves no tripuladas al servicio de los más vulnerables

Así pueden los drones salvar vidas

Localizar migrantes en el mar, llevar vacunas, sangre o desfibriladores a zonas de difícil acceso o ayudar en la extinción de plagas para combatir el hambre. Los drones se están revelando como un eficaz aliado en la acción humanitaria y en la asistencia sanitaria. Veamos algunos ejemplos de cómo un dron puede salvar vidas.

Dron de ala fija de Drones Technologies

12 Jun | Ignacio Santa María | Soziable.es

Se hicieron famosos por su uso militar. No en vano, el presidente estadounidense Barack Obama basó en ellos buena parte de sus acciones bélicas contra objetivos de Al Qaeda en Oriente Próximo. Pero los drones pueden desempeñar muchas funciones en la vida civil en sectores tan diversos como la agricultura, la seguridad, la construcción, la logística o la fotografía aérea, entre otras.

Ahora también están empezando a despuntar como una herramienta muy útil en labores sociales y humanitarias. Varias ONG como la Fundación Gavi (Alianza para las Vacunas), Acnur o ProActiva-Open Arms empiezan a incorporar drones en su actividad.

Los drones permiten inspeccionar grandes espacios en busca de embarcaciones de refugiados a la deriva y acelerar el rescate

Estos días la Fundación Hemav presenta el Proyecto Freeda, una inciativa que pretende poner varios drones a disposición de la ONG ProActiva-Open Arms para ayudar en el rescate de migrantes y refugiados en aguas del Mediterráneo. La idea es dotar a esta aeronave no tripulada de una cámara térmica, de modo que, al sobrevolar la superficie del mar pueda distinguir fácilmente la presencia de seres humanos en medio del agua.

“Las imágenes que vaya recogiendo serán procesadas por el propio dron, a través de un programa que hemos creado, y si detecta alguna embarcación, enviará las coordenadas a la tripulación del barco de la ONG, que se dirigirá de inmediato hasta el sitio donde se ha hecho esta fotografía”, explica Sergi Tres, coordinador del Proyecto Freeda.

Cada dron tendrá una autonomía de vuelo de unas tres horas y podrá recorrer distancias de unos 50 kilómetros. Estos aparatos podrán adentrarse en zonas más conflictivas, como las inmediaciones de la costa libia donde los barcos de las ONG no pueden penetrar, pero sobre todo, al sobrevolar un área mucho mayor, podrán detectar muchas más embarcaciones y acelerar su localización.

Acortar los tiempos es vital, según Tres: “Al detectar las embarcaciones más rápidamente se puede ayudar antes a estas personas. Esto es importante porque a veces cuando por fin son rescatados para algunos ya es demasiado tarde pues están en unas condiciones pésimas. Más de una vez han muerto en el barco de la ONG porque no han recibido la asistencia a tiempo”.

La Fundación Hemav desarrolla drones para el control de las plagas de langosta en desiertos de África.

Plagas de langostas

La Fundación Hemav nació hace seis años cuando un grupo de jóvenes ingenieros se propusieron usar la tecnología dron con fines sociales y humanitarios. Otro de los proyectos de esta entidad que está dando sus primeros pasos junto a la FAO (la organización de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) tiene como objetivo aplicar la teconología dron a las labores de monitoreo y control de las plagas de langosta en zonas desérticas de África.

Estas plagas de langostas del desierto son devastadoras para la agricultura y la ganadería y pueden llegar a causar hambrunas entre la población. La mayor plaga reciente se produjo entre 2003 y 2005 y ocasionó pérdidas de hasta el 100 por cien en cereales, 90 por ciento en legumbres y 85 por ciento en pastos. Se necesitaron aproximadamente 570 millones de dólares y 13 millones de litros de pesticida para frenarla. Con ese presupuesto, se habrían podido asegurar 170 años de prevención.

Es posible acotar con drones las zonas en las que puede anidar la langosta, localizar a los insectos y fumigar

El director de la Fundación Hemav, Marc Aicart, indica que los drones podrían servir de gran ayuda para prevenir estas plagas: “En una primera fase podrían determinar con un sensor multiespectral dónde están las zonas verdes, allí donde van a intentar situarse las langostas; después podrán comprobar con una cámara si en esas áreas ya hay insectos y, por último, podrán fumigar desde el aire con pesticida”.

A la hora de fumigar, los drones podrían complementar el trabajo de las personas que esparcen el pesticida a pie y los aviones que lo arrojaran desde el aire. “El dron puede llevar 10 kilos de pesticida, es capaz de fumigar más rápido que las personas y con más precisión que un avión, por lo que también es menos destructivo”, asegura Aicart.

África está siendo escenario de otros proyectos de uso de drones en labores humanitarias. En Ruanda, un acuerdo entre la Alianza por la Vacunación Infantil (Gavi) y Zipline, una empresa de robótica de Silicon Valley, está permitiendo llevar vacunas, sangre y medicamentos a zonas rurales de difícil acceso.

Asimismo, Acnur ha empezado a utilizar drones en los campamentos de refugiados del este de Níger, adonde cientos de miles de personas han llegado huyendo de la violencia del grupo terrorista Boko Haram. Allí, un ingeniero autodidacta llamado Aziz Kountche ha puesto al servicio de la organización de Naciones Unidas un modelo de dron (el T-800 M) que resulta útil para trazar mapas de los asentamientos, valorar las necesidades de los desplazados, organizar su registro y planificar servicios de saneamiento, salud y educación.

Aziz Kountche, ingeniero autodidacta que ayuda con sus drones a Acnur en los campos de refugiados de Níger

Llevar desfibriladores

En España, el uso de drones con fines sociales también está despegando. A partir de un trabajo fin de máster, la 'start up' Drones Technologies ha diseñado una plataforma UAV (vehículos aéreos no tripulados) destinada a la entrega de desfibriladores en lugares de difícil acceso.

Federico Martín, CEO de Drones Technologies, expone la filosofía de este proyecto: “Se trata de dotar a una ambulancia de un dispositivo de vuelo matriculado, de manera que cuando el vehículo no tenga acceso al lugar donde se ha producido la emergencia por el motivo que sea (inundación, terremoto, etc.), pueda desplegar el dron con el desfibrilador para llegar hasta el paciente que lo necesita”.

La rapidez con la que un dron puede llevar un desfibrilador a determinados lugares es decisiva para salvar vidas 

Martín indica que el proyecto se plantea con drones y cargas de menos de 25 kilos de peso que es el límite para no tener que cumplir con todos los requisitos de seguridad y aeronavegabilidad que se le exigen a un avión comercial. Para ello, están trabajando con desfibriladores muy ligeros y eficientes que ya están en el mercado.

“El dron puede conducirse manualmente o volar automáticamente ajustándose a un plan de vuelo. Cualquiera que esté cerca de la persona que ha tenido un fallo coronario puede recoger el dron, desenganchar fácilmente el desfibrilador y aplicárselo al paciente”, describe el CEO de Drones Technologies, quien subraya: “La rapidez es un factor decisivo cuando hay reanimar a una persona, ya que le puede salvar la vida, y con los drones se va a ganar mucho tiempo”.

Además de desfibriladores, los aparatos de Drones Technologies pueden llevar todo tipo de suministros médicos. Concretamente, los drones de tipo ala fija son capaces de soportar hasta 700 gramos de  carga. "En el caso de transportar vacunas, éstas se pueden empaquetar en un 'icepack', que preserva la temperatura y aísla de la luz", explica Martín, quien reconoce que hoy por hoy las barreras que tiene que superar el proyecto no son de índole tecnológica sino jurídica, ya que la normativa aeronáutica y de tráfico aéreo tanto en el ámbito estatal como en el europeo es muy conservadora y sería necesario adaptarla a esta tecnología.

La posibilidades para que los drones ayuden en labores sociales o humanitarias son innumerables. Hay tarea de sobra para todas las empresas que quieran dar paso, como manifiesta el director de la Fundación Hemav: “Aquí no hay cuestiones de competencia. Cuantas más empresas quieran hacer lo mismo, mejor. Si hubiera otra entidad que deseara destinar drones a cuestiones sociales o medioambientales estaríamos encantadísimos”.

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Profesores y alumnos de Grado de Arquitectura del CEU colaboran en la planificación urbanística de una ciudad de Sierra Leona

Makeni: Una ciudad africana que mira al futuro

¿Es posible una planificación urbana en una ciudad del África subsahariana que crece sin control? Este es el reto al que se enfrenta un proyecto de cooperación al desarrollo en el que participan profesores y alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad CEU-San Pablo, que este año celebra su 50 aniversario.

Estudiantes de Unimak y Uspceu elaboran una maqueta de la ciudad (Foto: Escuela de Arquitectura de Uspceu).

02 Oct | Ignacio Santa María | Soziable.es

De aquí a 2050, se prevé que África duplique su población hasta llegar a los 2.200 millones de personas. La mayor parte de esta población vivirá en ciudades que ya están experimentando un crecimiento exponencial y que si no comienzan a planificar su expansión, pronto colapsarán. Por ejemplo, Lagos, la capital de Nigeria crece actualmente a un ritmo de 77 personas a la hora, según el Foro Económico Mundial. Y la consultora McKinsey ha estimado que en 2025 habrá 100 ciudades africanas con más de un millón de habitantes. 

Makeni, la quinta ciudad más grande de Sierra Leona, es un ejemplo más de esta expansión sin control. Sumando el núcleo urbano y su área de influencia, la ciudad  tiene actualmente unos 130.000 habitantes y crece de manera informal a un ritmo del 3,2 por ciento, lo que supone un aumento de más de 4.000 habitantes al año. Los espacios inicialmente ocupados por vegetación, cultivos o caminos de tierra se van llenando de viviendas improvisadas, comercios informales o vertederos espontáneos donde se acumulan residuos. El tráfico rodado (sobre todo motocicletas) se va multiplicando poniendo en peligro la seguridad de los viandantes. 

El proyecto contempla una avenida de circunvalación que sirva de guía al crecimiento futuro y una red verde productiva que reserve suelo agrícola

Tras haber sufrido una guerra civil de más de 10 años y haber sido castigado por el ébola, Sierra Leona es uno de los 10 países con menor renta per cápita del mundo. El 57 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día. Según el Índice de Desarrollo Humano, que elabora la ONU, los sierraleoneses se cuentan entre aquellos que tienen una peor calidad de vida del mundo. Su renta per cápita es de 540 euros y su esperanza de vida de 51,42 años, con una tasa de mortalidad del 13 por ciento.   

En este contexto, nació en 2009, una experiencia de colaboración entre la Universidad CEU-San Pablo (Uspceu) y la Universidad de Makeni (Unimak). Al principio se trataba de un proyecto de cooperación al desarrollo más abierto que fue avanzando a través de diversos viajes de trabajo y que incluyó, entre otras iniciativas, la construcción de dos edificios en el campus universitario.

Más adelante, y a través de varios foros de diálogo a los que se incorporó el Ayuntamiento de ciudad, comenzó a tomar cuerpo la posibilidad de responder a la necesidad cada vez más acuciante de una planificación urbanística para ordenar la expansión ciudad. Así nació el llamado Plan Estratégico de Desarrollo Urbano de Makeni, en el que la Uspceu participa a través de un instrumento adecuado como es el HD_LAB (Laboratorio de Desarrollo y Habitabilidad), un grupo multidisciplinar de cooperación al desarrollo en el que se han implicado profesores, alumnos y colaboradores externos.

El coordinador de Cooperación al Desarrollo de la Escuela de Arquitectura de la Uspceu, Luis Perea, explica a Soziable.es que el proyecto tiene dos campos y escalas de acción: la ciudad de Makeni, junto a su territorio circundante, y los barrios, donde se pretende aportar un marco que sirva a las autoridades locales para tomar decisiones en el futuro. Respecto a la escala ciudad, “dos elementos claves son la creación de una avenida urbana de circunvalación que sirva de guía al crecimiento futuro y el establecimiento de una red verde productiva que reserve suelo agrícola y de valor natural en el conjunto del territorio. Todo ello desde una base inicial de detectar suelos vulnerables que se preserven de la urbanización”, subraya Perea.

Los estudiantes del CEU-San Pablo han estrechado lazos de amistad y trabajo con la población de Makeni (Foto: Carlos Cámara. Uspceu)

Este doctor en Arquitectura y profesor de Urbanismo no cae en un idealismo ingenuo y es consciente de que un proyecto de estas características se enfrenta a un sinfín de obstáculos en una ciudad como Makeni, donde las autoridades tradicionales tienen más peso que las oficiales: “El paso de las propuestas a las acciones es un reto muy complejo, máxime donde no está articulado legalmente un sistema que ofrezca cobertura a las propuestas y permita al ayuntamiento tomar decisiones. Las autoridades tradicionales y los propietarios del suelo condicionan las dinámicas urbanas, limitando enormenente la capacidad del Ayuntamiento para definir e implementar acciones”.

A Perea tampoco se le escapa la dificultad de convencer de la necesidad de planificar el futuro de la ciudad “en un contexto donde conseguir el alimento diario sigue siendo una prioridad para la mayoría de la gente”. La principal baza con la que cuenta el plan de desarrollo urbano es el interés demostrado por el Ayuntamiento de esta ciudad sierraleonesa y, en especial, de la alcaldesa, Sunkarie Kabba-Kamara, quien ha mostrado su respaldo explícito al proyecto en diversas ocasiones. “Si no puedo dejar a la gente de Makeni nada más, al menos dejaré un buen plan urbanístico”, ha declarado.

Creciendo juntos

La relación entre ambas universidades, que se inició en 2009, alcanzó un hito importante hace tres años, cuando, después de participar en cuatro viajes, una de las alumnas de la Escuela de Arquitectura, una vez licenciada, tomó la decisión de establecerse en Makeni de forma permanente e integrarse como profesora en Unimak. De este modo, Clara Abella vio cómo se cumplía un sueño al que había aspirado desde pequeña: “Desde que tengo uso de razón he querido trabajar en países en vías de desarrollo”.

A pesar de las altas tasas de pobreza, Makeni es una ciudad llena de vida, de alegría, con gente, música, cantos y bailes a cualquier hora

Abella también es realista con respecto a las dificultades a las que se enfrenta el proyecto: “El equipo del Ayuntamiento está muy comprometido con el plan diseñado en conjunto con el HD_LAB, sin embargo, el ambiente político actual en el país hace que los trabajos se retrasen y entorpece el crecimiento apropiado de las ciudades. Podríamos decir que el hecho de haber tenido elecciones y un cambio de gobierno va a costar al menos seis meses de trabajos retrasados y proyectos sin realizar”.

No obstante, la joven arquitecta ve el futuro con esperanza: “Cuando las cosas vuelvan a la normalidad, estos proyectos empezarán a ofrecerse y el Ayuntamiento estará preparado para seleccionarlos y comenzar cuanto antes”. Abella basa su optimismo en la constatación de que, tras casi 10 años de trabajo conjunto, las relaciones entre los cooperantes españoles y los vecinos de Makeni se han ido consolidando: “Tanto a nivel local como a nivel personal entre alumnos, profesores y dirigentes del ayuntamiento, ha sido un camino de crecimiento y enriquecimiento mutuo; la continuidad de viajes y trabajos han generado una sensación de confianza en la gente que nos rodea, tanto dentro de la universidad como en nuestras actividades diarias”.  

De la misma opinión es Perea, que destaca la importancia de que el trabajo se haga “poco a poco” y con “continuidad en el tiempo”. De este modo, piensa el profesor de Urbanismo, “las confianzas mutuas se van abriendo y se acaban trabando redes de amistad, sin las cuales, lo demás no funcionaría”.

A pesar de las altas tasas de pobreza, Makeni es una ciudad llena de vida, de alegría, con gente por las calles, música, cantos y bailes a cualquier hora del día y de la noche. “Lo que más me gusta de la gente aquí es el optimismo como forma de vida”, asegura Abella, quien añade: “Las cosas aquí son, cuanto menos, difíciles cuando tu objetivo día a día es sobrevivir. Sin embargo, la gente no se queda en el pasado, sabe que hundirse en los problemas no les va a ayudar a salir adelante”.

Y eso se refleja también en el modo en el que se recuerda el conflicto que enfrentó a la población del país en una sangrienta guerra civil: “La filosofía es perdonar y olvidar, no hay rencor hacia quién te hizo algo malo en el pasado, no hay peleas de odio. Los problemas se superan en conjunto, como comunidad”, apunta la profesora en Unimak.

Una experiencia replicable 

Otras muchas ciudades que crecen de modo informal en países en desarrollo se pueden beneficiar del trabajo que la Escuela de Arquitectura de la Universidad CEU-San Pablo está haciendo en Makeni. Lo confirma Perea: “La experiencia es totalmente replicable a otras poblaciones, como nos están pidiendo hacer en otras ciudades sierraleonesas y como hemos explicado en diversos congresos y foros”.

De hecho, la Escuela de Arquitectura del CEU, junto con el grupo ICHaB de la UPM, organizó el pasado mes de mayo en el Colegio de Arquitectos de Madrid un taller impartido por los especialistas en habitabilidad de las Naciones Unidas Joel Jere y Donatien Beguy, que sirvió de punto de inicio para avanzar hacia la creación de un Observatorio de Ciudades Africanas.

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