En 2017 fueron localizados 2.177 menores que llegaron solos por vía marítima, casi cuatro veces más que en 2016

Los más solos: La vida de los migrantes menores no acompañados en España

Son los niños que más vulneraciones de derechos sufren y protegerlos debe ser una prioridad para las administraciones. Save the Children ha presentado su informe 'Los más solos', donde analiza los fallos en el sistema de acogida, protección e integración de los menores migrantes no acompañados que llegan a España.

21 Mayo | J. L. M. | Soziable.es

Fotografías: Pedro Armestre / Save the Children

Para entender la realidad de estos menores migrantes que llegan solos es necesario ponerse en su lugar. Por eso Save the Children lanza la campaña 'Se buscan familias' que quieran recorrer junto a Omar, un chico senegalés que llegó a España solo, siendo menor de edad, la misma ruta que recorrió él para llegar hasta España. Cualquier familia con un adolescente de 14 a 17 años puede inscribirse a través de https://www.savethechildren.es/sebuscanfamilias.

Los flujos migratorios con destino a Europa han aumentado considerablemente en los últimos años y España es uno de los países donde más ha crecido el número de personas que llegan por la ruta marítima. España es el tercer país europeo que más llegadas de migrantes por mar ha registrado. El año pasado 28.349 migrantes llegaron a nuestras costas, tan solo 1.369 menos que a Grecia. El informe 'Los más solos' señala cómo un 14% de las personas que han llegado a España por tierra o por mar son niños y niñas. Solo en patera, durante 2017 llegaron a España 2.177 menores solos, casi cuatro veces más que en el año anterior. A pesar de la magnitud de las cifras, España sigue sin estar preparada para acoger a los niños y niñas que llegan solos y les condena a la invisibilidad y la exclusión.

Los niños migrantes que viajan solos hacia España lo hacen por varios motivos, entre los que están principalmente la violencia y la pobreza

El informe analiza con detalle las causas que empujan a los niños a dejar sus hogares, las distintas rutas por las que viajan hasta España y la situación que se vive en sus países de origen. Los niños migrantes que viajan solos hacia España lo hacen por varios motivos, entre los que están principalmente la violencia y la pobreza, pero todos con el mismo sueño de encontrar un lugar donde poder construir un futuro. Sin embargo, a los obstáculos que se encuentran durante el viaje se suman los impuestos por Europa, que ha priorizado la seguridad de las fronteras por encima de la de las personas, independientemente de que sean adultos o niños.

“Mi madre es pobre, no tiene nada. Hace una semana llegué a la frontera y llevo tres días intentando cruzar por Ceuta. Quiero vivir en España para construir un futuro y ayudar a mi madre. Aquí en Ceuta la situación es muy dura, nos pegan y nos destrozan los sitios donde dormimos. Pasamos tanto frío que no podemos dormir. Yo solo quiero aprender un oficio y trabajar en cualquier cosa, lo que sea”. Es el testimonio de Ahmed, un niño que con 12 años ha emprendido solo el viaje a España desde Tánger y ahora sobrevive en las calles de Ceuta.

En el último año, el número de menores migrantes que, como Ahmed, han llegado solos a España ha aumentado un 60,47% con respecto al anterior. Solo en 2017 se registraron 2.417, principalmente de nacionalidades marroquí y argelina. Pero en las cifras oficiales no se recogen todos los niños que llegan solos a España, muchas veces estos chicos esconden su condición de menor de edad para evitar ser tutelados en una comunidad en la que no desean quedarse, otras veces dicen ser mayores de edad para poder llegar a la península y acceder al mercado laboral y otras son los propios mecanismos obsoletos e ineficaces de identificación de la edad los que les declaran adultos cuando en realidad son menores.

Ahmed, de 12 años y solo en Ceuta: "Aquí la situación es muy dura, nos pegan y nos destrozan los sitios donde dormimos"

Las cifras tampoco recogen a los niños y niñas que abandonan las instituciones voluntariamente y dejan de vivir bajo la tutela pública. En 2016 abandonaron los servicios de protección y figuran “en fuga” 825 menores -770 niños y 55 niñas- de los que se ignora su paradero actual. Las causas varían según la nacionalidad o el sexo. El colectivo sirio generalmente tiene como destino algún país del norte de Europa, donde suelen esperarlos sus familiares, detrás de la desaparición de las niñas y jóvenes nigerianas suelen estar las redes de trata y para otros, en su mayoría marroquíes, la dura situación de los centros y su deseo de llegar a las comunidades donde saben que tendrán mejores oportunidades les empuja a fugarse y continuar su vida en la calle. Un ejemplo son los más del centenar de niños que viven en las calles de Ceuta y Melilla esperando la oportunidad de cruzar a la península arriesgando y muchas veces perdiendo sus vidas.

A pesar del aumento de las llegadas de menores que por su perfil pueden obtener protección internacional, las solicitudes de asilo de menores migrantes que llegan solos sigue siendo muy baja. Según el Ministerio del Interior, en los últimos cinco años han pedido asilo un centenar de niños y niñas, de los que solo lo han conseguido 31. Esto significa que dos de cada tres peticiones de asilo por parte de menores son rechazadas.

Sin documentación

La mayoría de los chicos con los que ha hablado Save the Children para la realización del informe han contado que llegan a España sin documentación que les identifique. Alegan que en su país nunca la tuvieron, pero detrás está el miedo a ser deportados “en caliente” -una práctica avalada por la reciente Ley de Seguridad Ciudadana-, porque si las autoridades conocen la procedencia pueden enviarles de vuelta. “Si llevas pasaporte de Senegal te devuelven del tirón. Cumpliendo la Ley, si eres menor no te devuelven, pero a veces ponen la Ley a un lado”, explica Walid, un joven que llegó en patera a Canarias. “Si te pillan dentro del puerto te mandan otra vez a Marruecos, tanto si eres menor como si no, les da igual”, cuenta Imad, otro joven que actualmente vive en Bilbao.

A pesar de que la Ley de Extranjería prohíbe expresamente que se detenga a ningún menor de edad por su condición de migrante o por su entrada irregular, los chicos entrevistados confirman que este supuesto tampoco se respeta. “Cuando llegamos la policía nos cogió para hacer la entrevista, para hacernos fotos y luego para llevarnos al hospital. Cuando salimos pasamos tres días en comisaría, en prisión. Solo comía galletas, tres días son muchos sin comida”, explica otro de los chicos.

Según recuerda Save the Children, España ha sido señalada por Naciones Unidas, por varios organismos de defensa de los Derechos Humanos e incluso por el Defensor del Pueblo por las prácticas invasivas y poco fiables de determinación de la edad de los menores migrantes que llegan solos. Estas pruebas médicas deberían ser el último recurso cuando sea imposible determinar la edad e ir acompañadas de exámenes psicológicos, sin embargo, España sigue haciendo caso omiso a las recomendaciones y realizando estas pruebas, incluso cuando el niño o niña tiene documentación que acredita su minoría de edad. Cuando esto ocurre, el menor queda en un limbo jurídico que le impide disfrutar de sus derechos como adulto y de la protección que merece como menor de edad.

Aunque logren ver su minoría de edad reconocida, el camino de estos niños tampoco es fácil. Su integración, las condiciones de vida y el nivel de protección que tengan dependerá de la comunidad autónoma que les tutele. En Ceuta y Melilla no existen centros de larga estancia y los menores permanecen largas temporadas, algunos varios meses y otros varios años, en centros preparados para pasar unas semanas, hacinados y a veces casi sin poder salir a la calle. Los chicos denuncian la falta de personal y la mala organización como origen de los conflictos. “Dentro del centro había mucho conflicto, había gente que consumía drogas y yo, desde mi punto de vista, creo que debería haber más trabajadores y en vez de estar todos los niños juntos que los repartan. Hay discriminación entre los marroquís y los subsaharianos y eso lo tienen que tener en cuenta”, relata otro de los chicos entrevistados.

En la península, en ciudades como Madrid o Barcelona, también hay menores migrantes no acompañados que deciden escapar de los centros y quedarse en la calle para escapar de las condiciones en las que viven y de los malos tratos que a veces denuncian por parte del personal de los centros. Muchos emprenden el viaje hacia otros países del norte de Europa y desaparecen entre las grietas del sistema.

Sin políticas educativas y de empleo, el futuro de estos niños queda condenado a la precariedad y la exclusión social y el día que cumplen los 18 años se quedan desprotegidos, sin prácticamente ningún tipo de apoyo de la Administración, que ha sido su tutor hasta entonces. “A nadie se le ocurriría dejar abandonado a su suerte a su hijo el día de su 18 cumpleaños, los Estados tampoco deberían hacerlo. Los esfuerzos orientados a la inclusión del menor en la sociedad no sirven de nada sin medidas orientadas a su integración como adulto”, explica Andrés Conde, director general de Save the Children.

A partir de entonces los chicos quedan a la espera de que se les renueve la autorización de residencia o se regularice su situación, pero el descontrol que existe en estos procesos hace que su futuro quede en manos, muchas veces, de asociaciones que les ayudan.

Save the Children considera que "los menores migrantes que llegan solos son uno de los colectivos más vulnerables e invisibilizados en España. El Estado y las comunidades autónomas, como responsables. de estos menores, debe tomar las medidas necesarias para protegerlos y darles el futuro que vienen buscando". Para ello, la ONG considera urgentes, entre otras medidas, reformar la Ley de Seguridad Ciudadana para prohibir la práctica de las “devoluciones en caliente” introducida en 2015, tal y como ha solicitado a España el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas, o reformar el registro de menores extranjeros no acompañados que incluya a todos los que llegan a España, independientemente de las dudas sobre su edad.

Para conseguir el apoyo de los ciudadanos en su demanda, Save the Children ha abierto una petición de firmas en https://www.savethechildren.es/actua/firma-por-un-sistema-de-acogida-familiar.

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Profesores y alumnos de Grado de Arquitectura del CEU colaboran en la planificación urbanística de una ciudad de Sierra Leona

Makeni: Una ciudad africana que mira al futuro

¿Es posible una planificación urbana en una ciudad del África subsahariana que crece sin control? Este es el reto al que se enfrenta un proyecto de cooperación al desarrollo en el que participan profesores y alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad CEU-San Pablo, que este año celebra su 50 aniversario.

Estudiantes de Unimak y Uspceu elaboran una maqueta de la ciudad (Foto: Escuela de Arquitectura de Uspceu).

02 Oct | Ignacio Santa María | Soziable.es

De aquí a 2050, se prevé que África duplique su población hasta llegar a los 2.200 millones de personas. La mayor parte de esta población vivirá en ciudades que ya están experimentando un crecimiento exponencial y que si no comienzan a planificar su expansión, pronto colapsarán. Por ejemplo, Lagos, la capital de Nigeria crece actualmente a un ritmo de 77 personas a la hora, según el Foro Económico Mundial. Y la consultora McKinsey ha estimado que en 2025 habrá 100 ciudades africanas con más de un millón de habitantes. 

Makeni, la quinta ciudad más grande de Sierra Leona, es un ejemplo más de esta expansión sin control. Sumando el núcleo urbano y su área de influencia, la ciudad  tiene actualmente unos 130.000 habitantes y crece de manera informal a un ritmo del 3,2 por ciento, lo que supone un aumento de más de 4.000 habitantes al año. Los espacios inicialmente ocupados por vegetación, cultivos o caminos de tierra se van llenando de viviendas improvisadas, comercios informales o vertederos espontáneos donde se acumulan residuos. El tráfico rodado (sobre todo motocicletas) se va multiplicando poniendo en peligro la seguridad de los viandantes. 

El proyecto contempla una avenida de circunvalación que sirva de guía al crecimiento futuro y una red verde productiva que reserve suelo agrícola

Tras haber sufrido una guerra civil de más de 10 años y haber sido castigado por el ébola, Sierra Leona es uno de los 10 países con menor renta per cápita del mundo. El 57 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día. Según el Índice de Desarrollo Humano, que elabora la ONU, los sierraleoneses se cuentan entre aquellos que tienen una peor calidad de vida del mundo. Su renta per cápita es de 540 euros y su esperanza de vida de 51,42 años, con una tasa de mortalidad del 13 por ciento.   

En este contexto, nació en 2009, una experiencia de colaboración entre la Universidad CEU-San Pablo (Uspceu) y la Universidad de Makeni (Unimak). Al principio se trataba de un proyecto de cooperación al desarrollo más abierto que fue avanzando a través de diversos viajes de trabajo y que incluyó, entre otras iniciativas, la construcción de dos edificios en el campus universitario.

Más adelante, y a través de varios foros de diálogo a los que se incorporó el Ayuntamiento de ciudad, comenzó a tomar cuerpo la posibilidad de responder a la necesidad cada vez más acuciante de una planificación urbanística para ordenar la expansión ciudad. Así nació el llamado Plan Estratégico de Desarrollo Urbano de Makeni, en el que la Uspceu participa a través de un instrumento adecuado como es el HD_LAB (Laboratorio de Desarrollo y Habitabilidad), un grupo multidisciplinar de cooperación al desarrollo en el que se han implicado profesores, alumnos y colaboradores externos.

El coordinador de Cooperación al Desarrollo de la Escuela de Arquitectura de la Uspceu, Luis Perea, explica a Soziable.es que el proyecto tiene dos campos y escalas de acción: la ciudad de Makeni, junto a su territorio circundante, y los barrios, donde se pretende aportar un marco que sirva a las autoridades locales para tomar decisiones en el futuro. Respecto a la escala ciudad, “dos elementos claves son la creación de una avenida urbana de circunvalación que sirva de guía al crecimiento futuro y el establecimiento de una red verde productiva que reserve suelo agrícola y de valor natural en el conjunto del territorio. Todo ello desde una base inicial de detectar suelos vulnerables que se preserven de la urbanización”, subraya Perea.

Los estudiantes del CEU-San Pablo han estrechado lazos de amistad y trabajo con la población de Makeni (Foto: Carlos Cámara. Uspceu)

Este doctor en Arquitectura y profesor de Urbanismo no cae en un idealismo ingenuo y es consciente de que un proyecto de estas características se enfrenta a un sinfín de obstáculos en una ciudad como Makeni, donde las autoridades tradicionales tienen más peso que las oficiales: “El paso de las propuestas a las acciones es un reto muy complejo, máxime donde no está articulado legalmente un sistema que ofrezca cobertura a las propuestas y permita al ayuntamiento tomar decisiones. Las autoridades tradicionales y los propietarios del suelo condicionan las dinámicas urbanas, limitando enormenente la capacidad del Ayuntamiento para definir e implementar acciones”.

A Perea tampoco se le escapa la dificultad de convencer de la necesidad de planificar el futuro de la ciudad “en un contexto donde conseguir el alimento diario sigue siendo una prioridad para la mayoría de la gente”. La principal baza con la que cuenta el plan de desarrollo urbano es el interés demostrado por el Ayuntamiento de esta ciudad sierraleonesa y, en especial, de la alcaldesa, Sunkarie Kabba-Kamara, quien ha mostrado su respaldo explícito al proyecto en diversas ocasiones. “Si no puedo dejar a la gente de Makeni nada más, al menos dejaré un buen plan urbanístico”, ha declarado.

Creciendo juntos

La relación entre ambas universidades, que se inició en 2009, alcanzó un hito importante hace tres años, cuando, después de participar en cuatro viajes, una de las alumnas de la Escuela de Arquitectura, una vez licenciada, tomó la decisión de establecerse en Makeni de forma permanente e integrarse como profesora en Unimak. De este modo, Clara Abella vio cómo se cumplía un sueño al que había aspirado desde pequeña: “Desde que tengo uso de razón he querido trabajar en países en vías de desarrollo”.

A pesar de las altas tasas de pobreza, Makeni es una ciudad llena de vida, de alegría, con gente, música, cantos y bailes a cualquier hora

Abella también es realista con respecto a las dificultades a las que se enfrenta el proyecto: “El equipo del Ayuntamiento está muy comprometido con el plan diseñado en conjunto con el HD_LAB, sin embargo, el ambiente político actual en el país hace que los trabajos se retrasen y entorpece el crecimiento apropiado de las ciudades. Podríamos decir que el hecho de haber tenido elecciones y un cambio de gobierno va a costar al menos seis meses de trabajos retrasados y proyectos sin realizar”.

No obstante, la joven arquitecta ve el futuro con esperanza: “Cuando las cosas vuelvan a la normalidad, estos proyectos empezarán a ofrecerse y el Ayuntamiento estará preparado para seleccionarlos y comenzar cuanto antes”. Abella basa su optimismo en la constatación de que, tras casi 10 años de trabajo conjunto, las relaciones entre los cooperantes españoles y los vecinos de Makeni se han ido consolidando: “Tanto a nivel local como a nivel personal entre alumnos, profesores y dirigentes del ayuntamiento, ha sido un camino de crecimiento y enriquecimiento mutuo; la continuidad de viajes y trabajos han generado una sensación de confianza en la gente que nos rodea, tanto dentro de la universidad como en nuestras actividades diarias”.  

De la misma opinión es Perea, que destaca la importancia de que el trabajo se haga “poco a poco” y con “continuidad en el tiempo”. De este modo, piensa el profesor de Urbanismo, “las confianzas mutuas se van abriendo y se acaban trabando redes de amistad, sin las cuales, lo demás no funcionaría”.

A pesar de las altas tasas de pobreza, Makeni es una ciudad llena de vida, de alegría, con gente por las calles, música, cantos y bailes a cualquier hora del día y de la noche. “Lo que más me gusta de la gente aquí es el optimismo como forma de vida”, asegura Abella, quien añade: “Las cosas aquí son, cuanto menos, difíciles cuando tu objetivo día a día es sobrevivir. Sin embargo, la gente no se queda en el pasado, sabe que hundirse en los problemas no les va a ayudar a salir adelante”.

Y eso se refleja también en el modo en el que se recuerda el conflicto que enfrentó a la población del país en una sangrienta guerra civil: “La filosofía es perdonar y olvidar, no hay rencor hacia quién te hizo algo malo en el pasado, no hay peleas de odio. Los problemas se superan en conjunto, como comunidad”, apunta la profesora en Unimak.

Una experiencia replicable 

Otras muchas ciudades que crecen de modo informal en países en desarrollo se pueden beneficiar del trabajo que la Escuela de Arquitectura de la Universidad CEU-San Pablo está haciendo en Makeni. Lo confirma Perea: “La experiencia es totalmente replicable a otras poblaciones, como nos están pidiendo hacer en otras ciudades sierraleonesas y como hemos explicado en diversos congresos y foros”.

De hecho, la Escuela de Arquitectura del CEU, junto con el grupo ICHaB de la UPM, organizó el pasado mes de mayo en el Colegio de Arquitectos de Madrid un taller impartido por los especialistas en habitabilidad de las Naciones Unidas Joel Jere y Donatien Beguy, que sirvió de punto de inicio para avanzar hacia la creación de un Observatorio de Ciudades Africanas.

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