Día Mundial de las Ciudades

La recuperación de la COVID-19 ofrece una oportunidad única para incorporar la resiliencia urbana y la acción climática en las ciudades

En el marco del Día Mundial de las Ciudades, que este año conciencia acerca de adaptar las ciudades para la resiliencia climática, el programa de la ONU que trabaja por un mejor futuro urbano, ONU-Habitat, invita a reflexionar sobre cómo las acciones bien diseñadas para el clima y la resiliencia urbana generan importantes beneficios económicos, sociales y ambientales que garantizarán una mejor vida para todas las personas en un mundo cambiante y en urbanización.

Los efectos climáticos podrían costar a las ciudades 314.000 millones de dólares anuales hasta 2030.

31 Oct 2021 | Rocío Barrie | Soziable.es

El Día Mundial de las Ciudades tiene como objetivo promover el interés de la comunidad internacional en la urbanización sostenible, impulsar la cooperación entre países y ciudades para aprovechar las oportunidades y abordar los desafíos de la urbanización, contribuyendo a la sostenibilidad en todo el mundo.

De ahí que ONU-Habitat indique que necesitamos adoptar un enfoque holístico y de amenazas múltiples para desarrollar la resiliencia en nuestras ciudades. Según indica, reducir la vulnerabilidad y la exposición a los riesgos relacionados con el clima es un proceso continuo e iterativo que requiere la participación de todas las partes interesadas.

Para ello, explica, los gobiernos nacionales y locales juegan un papel clave en la implementación de planes ambiciosos y creíbles, así como en el establecimiento de las pautas para un cambio transformador. “Solo si elegimos enfrentar juntos los desafíos climáticos, podemos asegurarnos de que todas nuestras comunidades, especialmente las más vulnerables, superen los impactos climáticos y puedan prosperar”, asevera.

Efectos del clima sobre las ciudades

Las ciudades de todo el mundo están sufriendo cada vez más los efectos y peligros relacionados con el clima, como las inundaciones, las sequías, el aumento del nivel del mar, las olas de calor, los deslizamientos de tierra y las tormentas. Según la ONU, se espera que “al menos 130 ciudades portuarias con más de un millón de habitantes cada una se vean afectadas por inundaciones costeras”.

En un mundo que se calienta, deben abordarse los efectos directos e indirectos de las sequías y las olas de calor recurrentes. “Las ciudades y pueblos son el hogar de más de la mitad de la población mundial y es donde las personas y la actividad económica se concentran y están en riesgo”, alertar

Según indica, “los impactos relacionados con el cambio climático, así como con otras amenazas, podrían costarles a las ciudades de todo el mundo 314 mil millones de dólares cada año para 2030 si no logramos construir una resiliencia urbana multirriesgo ante posibles impactos y crisis actuales”.

Del financiamiento climático global, informa, el destinado a la adaptación se ha rezagado. Una estimación de la ONU sugiere que “solo alrededor del 20% del financiamiento climático ayuda a los países a adaptarse al cambio climático”.

Por su parte, la organización sin ánimo de lucro Iniciativa de Política Climática, que está formada por un grupo líder de expertos en el seguimiento de la financiación climática mundial, estima que, de un promedio reciente de 357 mil millones de dólares al año en financiación climática que fluye hacia países que no pertenecen a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), “solo 27 mil millones o el 7% se destinó a la adaptación”. En este sentido, subraya que, según el quinto informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, la inversión en medidas de resiliencia de los sistemas urbanos está “poco representada”, de ahí que “los desafíos en la financiación de la resiliencia urbana implican la ampliación de soluciones exitosas y un mejor aprovechamiento de los recursos del sector privado”.

Además, continúa ONU-Habitat, los mil millones de personas del mundo que viven en asentamientos urbanos informales son “particularmente vulnerables”, ya que se encuentran carentes de una vivienda adecuada y acceso a servicios básicos como saneamiento, agua potable y sistemas de drenaje pluvial, suministros de electricidad confiables y eficientes, así como movilidad asequible.

Un motivo por el cual son “especialmente vulnerables” a una multitud de peligros, incluido el cambio climático, ya que los asentamientos informales se encuentran en muchas ocasiones en lugares expuestos y precarios.

En este sentido, indica que los datos y la información confiable y validada son cruciales para las etapas de los procesos de gestión del riesgo de desastres. Desde la prevención hasta la respuesta, la recuperación y la reconstrucción, es “extremadamente importante” que las decisiones se tomen sobre la base de evidencia y necesidades concretas. Y, en su opinión, esto “también debería sensibilizar a las comunidades”. “Los datos urbanos tienen una relevancia particular, teniendo en cuenta el rápido crecimiento mundial de las ciudades y, por consiguiente, su vulnerabilidad frente al cambio climático”, explica.

En este contexto, la pandemia de la COVID-19 ha revelado las limitaciones y desafíos de nuestros entornos urbanos. Las desigualdades, las vulnerabilidades y el riesgo parecen estar arraigados en la forma en que nuestros sistemas urbanos se han concebido, estructurado y gestionado en el pasado, poniendo a las personas y al planeta en un alto riesgo.

Así, a medida que el mundo comienza a emerger de la crisis causada por la pandemia, para la ONU “esta es la oportunidad” para que las ciudades busquen soluciones sinérgicas que permitan la recuperación socioeconómica, así como un desarrollo urbano sostenible y ambicioso que ponga a las personas y al planeta como prioridad de las decisiones.

Adaptar las ciudades al cambio climático

Si bien las ciudades se enfrentan a desafíos importantes, también son lugares de oportunidad e innovación en el desarrollo de soluciones sostenibles para recuperarse después de una crisis.

Desarrollar la capacidad de adaptación y cultivar el capital social puede reducir los riesgos de desastres y fortalecer la resiliencia urbana ante los usualmente impredecibles desafíos futuros, “pero con vulnerabilidades predecibles”, aclara el programa ONU-Habitat.

“La adaptación climática es una de las prioridades clave para la resiliencia urbana futura, la salud, el bienestar de las personas y el medio ambiente”

Según señala, “la adaptación para la resiliencia climática ayuda a las ciudades y a sus habitantes a prepararse, mitigar y responder a los riesgos que plantean los impactos y tensiones predecibles e impredecibles”. Por lo tanto, asevera, “la adaptación climática es una de las prioridades clave para la resiliencia urbana futura, la salud, el bienestar de las personas y el medio ambiente”.

Para crear sociedades más sostenibles, resilientes a los efectos del cambio climático, Naciones Unidas indica que esto implica que debemos abordar una variedad de problemas que incluyen la crisis climática, la pobreza urbana, los asentamientos informales, proporcionar infraestructura resiliente, garantizar el acceso a servicios básicos para todas las personas, gestionar los ecosistemas y sistemas urbanos y hacer que los medios de vida sean sostenibles y resilientes. También supone desarrollar la resiliencia urbana ante una variedad de posibles impactos y tensiones existentes.

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