Setenta cátedras universitarias lideran la investigación en RSE

Cátedras de responsabilidad social: ¿Qué son y para qué sirven?

Las cátedras dedicadas a responsabilidad social crecen en número y se están consolidando como un espacio privilegiado de encuentro y colaboración entre empresas y universidades comprometidas con la gestión ética y el desarrollo sostenible. ¿Cómo nacen, cómo funcionan y qué están ofreciendo a la sociedad?

30 Ene | Ignacio Santa María | Soziable.es

La Universidad no puede vivir de espaldas a la responsabilidad social. A siglas como la RSC y la RSE, se ha sumado hace algunos años la RSU, la responsabilidad social universitaria, concepto que engloba los esfuerzos de esta institución por involucrarse más en la atención de las necesidades de la sociedad.

En el estudio ‘La Responsabilidad Social en las Universidades Españolas’, que se elabora cada cuatro años se puede ver el crecimiento de la RSU no solo en números sino también en solidez. Uno de sus autores, el profesor titular y director del Área de Organización de Empresas de la Universidad de Burgos, Óscar J. González, confirma que, a juzgar por los datos que van obteniendo cada vez que repiten el estudio, “la responsabilidad social ha crecido en seriedad y madurez en la estructura organizativa”.

La responsabilidad social debe ser algo consustancial a la institución universitaria, a juicio de González: “Debe estar en las entrañas de la universidad, ya que nuestros alumnos van a salir a la sociedad y son los próximos generadores de cambio. Ellos van a ser directores de empresas, jefes de producción, profesores de escuela... ellos son los que van a generar estos cambios, así que está en nuestra mano formar a estas personas en la importancia de la responsabilidad social”.

Marta Rey: "El futuro de la Universidad depende de su capacidad para comprometerse con la sociedad”

Así lo ve también Marta Rey, directora de la Cátedra Inditex–UDC de Responsabilidad Social  de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de A Coruña. “Tanto en su dimensión ética como estratégica, la responsabilidad social ha de impregnar cada vez más el modo en que las organizaciones públicas y privadas orientan su actividad. Parece obvio entonces que la Universidad, como institución comprometida con el progreso social, económico y cultural, no puede mantenerse ajena a este fenómeno. Y, de hecho, no lo hace”.

En ese interés por incorporar la responsabilidad social a su modelo de gestión y a la formación de las nuevas generaciones, las universidades han establecido vínculos con las empresas. Y el instrumento más visible de esta colaboración son las cátedras de responsabilidad social. Se calcula que en España hay unas 70 de ellas, algunas dedicadas a RSC y otras a aspectos más específicos como emprendimiento social, empresa familar o migrantes forzosos, entre otras especialidades.  

Rey explica la razón de ser de estas cátedras: “El futuro de la Universidad depende de su capacidad para comprometerse con la sociedad y eso pasa por transferir conocimiento al tejido productivo y por tanto colaborar con las empresas. En ese sentido, las cátedras de empresa son una de las manifestaciones más visibles de la RSU”.

Una realidad muy destacable en este sentido es la Red de Cátedras Santander de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), patrocinadas por Banco Santander, que está actualmente integrada por ocho cátedras y a la que se ha adherido recientemente la Asociación Española de Directivos de Responsabilidad Social (Dirse).

Como portavoz de esta red, la directora de la Cátedra Santander de la Universidad de Málaga, Cristina Quintana, destaca la interacción que se está dando entre las universidades y las empresas: “Este compromiso también lo están volcando hacia el fomento de la investigación en el ámbito académico, canalizado mediante diversos instrumentos, siendo destacables las cátedras universidad-empresa”, indica Quintana.

Cristina Quintana: “Las cátedras de RSC generan una gran producción científica"

La directora de la Cátedra Santander de la Universidad de Málaga explica que las cátedras nacen de acuerdos de colaboración mediante los cuales las universidades desarrollan actividades de investigación, formación y transferencia de resultados gracias al patrocinio de las empresas.

Este patrocinio viene a resolver uno de los grandes problemas de la universidad que es, como señala el profesor titular de la Universidad de Burgos, la falta de financiación para investigar. “Las cátedras son una vía para buscar esta financiación para trabajos de investigación en responsabilidad social. La empresa pone un dinero y quiere ver un retorno: saber qué publicaciones se han hecho, cuántos alumnos se han graduado, etc.”

Se trata, en definitiva, de “un modelo exitoso de colaboración público-privada en el ámbito universitario”, en palabras de la directora de la Cátedra Inditex–UDC.

Futuros artífices de un cambio

“A mi modo de ver, lo primero es que la cátedra tenga bien claro qué es esto de la responsabilidad social y que la empresa que la está financiando también crea en esto”, señala el profesor González.

A través de las cátedras de responsabilidad social, una universidad puede poner en marcha una formación posgrado en este campo. “Ofrecen esta especialización a personas que quieren una formación específica en responsabilidad social. Para ello, la cátedra contrata a expertos en cada una de las áreas y puede dotar a cada alumno de una formación especializada, que supone unos 60 o 90 créditos”, afirma el profesor titular de la Universidad de Burgos.

En cuanto a la formación, la Cátedra Inditex-UDC facilita la especialización de profesionales que, cuando se incorporan a su vida laboral, trasladen el mensaje de que es posible crear valor económico, social y medioambiental. “Al fin y al cabo, es imposible conseguir un cambio social profundo sin la participación activa de las empresas y las instituciones”, defiende la directora de esta cátedra.

Óscar J. González: "Nuestros alumnos van a salir a la sociedad y son los próximos generadores de cambio"

La vocación de los alumnos es un aspecto fundamental para esa transferencia de valores hacia las compañias: “Quien se apunta a esa cátedra es porque luego quiere llevar este conocimiento al mundo de la empresa”, afirma el profesor titular en la Universidad de Burgos, quien se muestra optimista respecto a los jóvenes con los que convive cada día en las aulas: “Yo creo que las nuevas generaciones son muy sensibles a estos principios, no los veo como esa generación que ha perdido estos valores”.

Investigación vinculada a la empresa

Pero además, cada una de estas cátedras desarrolla sus propias líneas de investigación que debe acordar con la empresa que la financia y que irán en la línea de la implantación de la responsabilidad social en el sector al que pertenece esa compañía. “Muchas de las investigaciones que están financiadas irán en esa dirección. De eso se van a nutrir los grupos de investigación que estén en la cátedra”, indica González.

En el caso de la Red de Cátedras Santander, la directora de la cátedra de la Universidad de Málaga corrobora que la entidad bancaria no tiene solo un mero papel financiador sino que participa activamente en su organización y aporta sugerencias sobre nuevas actuaciones que serían interesante abordar. “Este apoyo –detalla Quintana– se canaliza a través de los Comités Editoriales, que son reuniones periódicas que mantienen la Red de Cátedras y Banco Santander en su sede central, así como su presencia en los actos y cursos organizados por la red”.

El resultado de esta colaboración es una intensa actividad divulgativa e investigadora: “Las cátedras generan una gran producción científica, estando relacionada con temáticas tales como: responsabilidad social universitaria, educación para el desarrollo sostenible y la responsabilidad social, relación entre la RSC y la creación de valor, impacto de la intensidad de la I+D en la RSC, gestión responsable de recursos humanos, igualdad de género, economía circular, etc.”, enumera la directora de la cátedra de Málaga.

Jornadas, encuentros, premios... 

En cuanto a su labor divulgativa, las cátedras son el motor de un sinfín de iniciativas como jornadas, encuentros, certámenes... En este sentido, la Cátedra Inditex-UDC destaca su ciclo de conferencias ‘En Código Abierto’, que en los últimos siete años ha logrado reunir en A Coruña a una veintena de prestigiosos profesionales y especialistas en la materia.

Por su parte, la Cátedra Santander de la Universidad de Málaga ha celebrado ya cinco ediciones de su premio nacional a la Mejor Tesis Doctoral sobre RSC–Sostenibilidad, al que han concurrido hasta la fecha un total de 115 tesis doctorales defendidas en 41 universidades. Este certamen se suma a otros que auspicia esta red de cátedras como el Premio Santander Investigación y el Premio Santander Ensayo Corto sobre RSC, dirigido al espacio iberoamericano del conocimiento.

Agregar comentario

Comentarios

Añadir ComentarioDesplegar formulario para comentar

0 Comentarios

No hay comentarios

Fundación ANAR y Fundación Mutua Madrileña presentan el tercer estudio sobre bullying y ciberbullying

Acoso escolar: menos casos pero más violentos

Los casos de acoso y ciberacoso han descendido en España, aunque los que persisten se han vuelto más violentos y perseverantes. Esta es la principal conclusión del estudio que han presentado la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña.

Lorenzo Cooklin y Benjamín Ballesteros, en la presentación del estudio (Foto: Fundación Mutua Madrilleña)

18 Sep | Ignacio Santa María | Soziable.es

El número de casos de acoso y ciberacoso escolar registrados por la Fundación ANAR descendió en 2017 a casi la mitad frente al año anterior, pasando de 1.207 a 590. Sin embargo estos casos han evolucionado con el tiempo hacia una mayor violencia y frecuencia, tendencia al alza que ya venía produciéndose desde 2015.  

Este estudio sobre acoso escolar “es el más profundo que se hace en España porque se hace sobre la base de las cosas que cuentan los chicos y chicas que sufren acoso escolar”, ha destacado Lorenzo Cooklin, director general de la Fundación Mutua Madrileña, en referencia a que se realiza a partir de las 36.616 llamadas recibidas durante el año pasado en el Teléfono ANAR relacionadas con el bullying y, más en concreto, en los datos recogidos de los 590 casos contrastados y gestionados.

En más del 52 por ciento de los casos el acoso dura más de un año y en más del 75 por ciento el bullying se produce a diario

Según esta investigación, uno de cada cuatro casos de acoso escolar se produce en la forma de ciberbullying. El ciberbullying supone el 24,7 por ciento de los casos totales de acoso escolar, siendo los insultos y las amenazas su forma más común. Los datos obtenidos revelan que el envío de WhatsApp a través del teléfono móvil es la forma más habitual de acoso.

En cuanto a la edad media de las víctimas de acoso escolar, ésta se sitúa en los 10,9 años en los casos de bullying y en los 13,5 años en el caso de los que padecen ciberbullying.

Un dato muy preocupante es que en más del 52 por ciento de los casos el acoso dura más de un año y en más del 75 por ciento el bullying se produce a diario. En palabras de Cooklin, “estos datos son demoledores: imaginaos lo que supone diariamente para un niño o un preadolescente, que no ha desarrollado una fortaleza psicológica, sufrir diariamente y durante más de un año una situación de acoso”.

El estudio evidencia, por otro lado, que los chicos y chicas que sufren acoso escolar y/o ciberbullying siguen resistiéndose a contar a sus padres o madres la situación que sufren. Una parte importante de las víctimas (el 36,8 por ciento de los que sufren acoso escolar y el 25 por ciento de los que padecen ciberbullying) no se lo cuenta a sus padres, lo cual no refleja cambios significativos con respecto a los informes previos.

“Las víctimas tardan 13 meses en contárselo a alguien”, afirma el director general de Fundación Mutua Madrileña, que añade: “Cuanto más tiempo dure el acoso y más tiempo pase sin que se tomen las medidas para evitarlo, los efectos y las consecuencias tanto inmediatas como para el futuro son cada vez peores”.

En este sentido, Benjamín Ballesteros, director de Programas de la Fundación ANAR, advierte de que “si aumenta la frecuencia y aumenta la gravedad de los hechos las víctimas a largo plazo van a padecer una secuelas psicológicas mayores”. Ballesteros incide en que “el 90 por ciento de las víctimas que hablaron con nosotros padecían problemas psicológicos derivados de haber sufrido acoso escolar”.

Estos trastornos se evidencian a través de síntomas de depresión, ansiedad o miedo permanente. También es muy frecuente que, tras sufrir una situación de acoso, la víctima experimente aislamiento, retraimiento, soledad, déficit de habilidades sociales. “Y todo eso deriva en una baja autoestima”, explica el director de Programas de la Fundación ANAR quien indica cuáles son las peores consecuencias de esas secuelas: “No es desdeñable que tengamos un 8,2 por ciento de casos de autolesiones o ideación  suicida; en concreto 48 menores de los que llamaron al teléfono de ANAR el año pasado”.   

Disminuyen las mujeres agresoras  

El 53,2 por ciento de los afectados por acoso escolar en 2017 fueron varones y el 46,8 por ciento, mujeres, con una media de edad de 10,9 años, aunque si nos centramos solo en el ciberbullying aumenta el porcentaje de afectadas hasta el 65,6 por ciento, siendo la edad media de las chicas que lo sufren de 13,5 años. El estudio evidencia, por otro lado, que mientras la proporción de varones que acosan se mantiene, se ha reducido de forma significativa la proporción de mujeres que lo ejercen (de un 25,7 por ciento en 2016 a un 18,3 por ciento en 2017 en acoso escolar, y de un 39 por ciento en 2016 a un 23 por ciento en 2017 en ciberbullying).

El 90% de las víctimas de acoso sufren secuelas psicológicas y el 8% ha llegado a autolesionarse o a pensar en el suicidio

Por otro lado, siguen aumentando los casos en los que el menor acosado se enfrenta a sus agresores, ya que los que decidieron dar este paso -en lo que al acoso escolar se refiere- pasaron del 51,1 por ciento en 2016 al 54,4 por ciento en 2017. En lo que respecta al ciberbullying, sin embargo, la proporción se redujo desde el 66,7 por ciento de 2018 al 61,7 por ciento en 2017.

Otro dato novedoso que aporta el informe es que el acoso cada vez cuenta con menos respaldo social. Lo confirma Ballesteros: “Cuando el agresor busca el consenso del resto de la clase para agredir a la víctima ahora ya no lo encuentra y eso es una gran noticia. Eso significa que esta campaña de sensibilización que estamos haciendo de que los iguales acompañen y apoyen a la víctima está provocando que los agresores se sientan más solos a la hora de agredir”.     

En cuanto a las medidas que proponen la Fundación  ANAR y la Fundación Mutua para avanzar en la erradicación del bullying y el ciberbullying figuran la detección del acoso desde las primeras etapas; la evaluación profesional de todas las víctimas; la prevención en edades tempranas; la implantación de un protocolo contar la violencia escolar de caracter estatal; el refuerzo del papel de los profesores así como potenciar nuevas campañas de sensibilización contra el acoso y a favor de actitudes como el respeto a los demás.

Por último, el director de Programas de la Fundación ANAR reclamó la elaboración y aprobación de una ley de protección a la infancia y recordó que su  entidad presentó en el Congreso de los Diputados un estudio “en el que avalamos con datos y de forma contundente” la necesidad de esta ley para protegerles de la violencia en cualquiera de sus formas por ejemplo el acoso escolar.

Teléfono de ayuda a niños y adolescentes de la Fundación ANAR: 900 20 20 10

Últimas noticias

+ Educación

  • Lorenzo Cooklin y Benjamín Ballesteros, en la presentación del estudio (Foto: Fundación Mutua Madrilleña)

    Fundación ANAR y Fundación Mutua Madrileña presentan el tercer estudio sobre bullying y ciberbullying

    Acoso escolar: menos casos pero más violentos

    Ignacio Santa María

    Los casos de acoso y ciberacoso han descendido en España, aunque los que persisten se han vuelto más violentos y perseverantes. Esta es la principal conclusión del estudio que han presentado la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña.

  • Más de uno de cada tres estudiantes  de entre 13 y 15 años en el mundo se ha sentido acosado (Foto: Unicef)

    Según el último informe de Unicef dedicado a los abusos en las aulas

    La mitad de los adolescentes sufre violencia por parte de otros compañeros

    Soziable.es

    La mitad de los estudiantes de entre 13 y 15 años de todo el mundo (cerca de 150 millones de adolescentes), dice haber sufrido algún tipo de violencia por parte de sus compañeros de escuela o en el entorno de la misma, según un nuevo informe de Unicef 'Una lección diaria: #STOPViolenciaInfantil en las escuelas'.

Ir al inicio del contenido