El Observatorio Empresarial contra la Pobreza dedica a la transformación digital su tercer informe

Tecnología con propósito para generar impacto social

Inteligencia artificial, ‘blockchain’, ‘big data’, internet de las cosas... La cuarta revolución industrial es imparable. La gran velocidad de estos cambios puede provocarnos inquietud y que solo nos fijemos en sus efectos negativos. Sin embargo, la tecnología también se está mostrando como un poderoso aliado para combatir la pobreza y la desigualdad y las empresas pueden aportar mucho al respecto.

La tecnología móvil es una de las herramientas que más impacto tienen en la lucha contra la pobreza

02 Jul | Ignacio Santa María | Soziable.es

¿De qué manera pueden las empresas contribuir a mejorar la vida de las personas en situación de vulnerabilidad a través de la tecnología? Esta es la pregunta a la que pretende responder el informe ‘Tecnología con propósito. El impacto social de la empresa en la era digital’, el tercer estudio anual que presenta el Observatorio Empresarial contra la Pobreza y que, en esta ocasión, ha elaborado la Fundación Codespa con la colaboración de la agencia ‘Prodigioso volcán’.

Fruto de siete meses de trabajo, la publicación tiene como objetivo iluminar, guiar e incidir sobre el cambio tecnológico, de forma que la llamada ‘cuarta revolución industrial’ no se limite únicamente al ámbito empresarial y al incremento de la eficiencia y del negocio, sino que también mejore la calidad de vida del ser humano e impulse el crecimiento económico sostenible e inclusivo.

“Queremos que el informe sirva para inspirar y guiar a empresas que están en pleno proceso de transformación digital”, explica Mónica Gil-Casares, directora del Área de Investigación de la Fundación Codespa. Por ello, la publicación muestra varios ejemplos de organizaciones que ya están aplicando la tecnología para generar impacto social y cumplir los objetivos del desarrollo sostenible (ODS).

Mónica Gil-Casares: “Queremos inspirar y guiar a empresas que están en pleno proceso de transformación digital”

Estamos inmersos en lo que sea ha dado en llamar la ‘cuarta revolución industrial’. ¿En qué se diferencia de las tres anteriores? Principalmente en dos aspectos: la extrema velocidad de los cambios y la fusión de tecnologías, lo que está difuminando las líneas entre lo físico, lo digital y lo biológico. Las tecnologías protagonistas de esta revolución son: Internet de las cosas, conectividad móvil, ‘blockchain’, ‘big data’, inteligencia artificial, robótica, plataformas, impresión 3D, Realidad virtual y realidad aumentada.

Las investigadoras Mónica Gil-Casares e Isabel Ortiz se declaran optimistas pero no son “ingenuas” y son conscientes de que la cuarta revolución industrial “tiene una cara oscura”, que se concreta en destrucción de empleo y la ampliación de brechas de desigualdad. “Hay una primera brecha que está relacionada con el acceso a la tecnología y una segunda, que está cobrando mucha importancia, que tiene que ver con la posibilidad de acceder a los datos”, asegura Gil-Casares.

Sin embargo, el informe hace hincapié en los casos en que el uso de estas tecnologías redunda en mejorar la sociedad y la calidad de vida de las personas. De hecho, recoge bastantes casos en los que empresas españolas están contribuyendo, a través de la tecnología, a mejorar la vida de las personas en situación de vulnerabilidad y reducir las desigualdades.

Casos de buenas prácticas

Entre esos ejemplos figuran el proyecto e-milpa, una plataforma que, mediante mensajes de SMS, proporciona información útil a pequeños agricultores de Guatemala que les permite introducir mejoras en su negocio. En Uganda, la empresa Dalberg Data Insights demostró que las disminuciones en el número de recargas de saldo en los móviles estaban asociadas a periodos de carestía. Así se pudieron identificar zonas con inseguridad alimentaria. Asimismo, se muestran casos en los que la tecnología ‘blockchain’ se puede usar para restitur la identidad a personas indocumentadas en campos de refugiados o para favorecer el comercio justo en algunas zonas de la India. 

La tecnología ‘big data’ se está utilizando en casos de desastres medioambientales o catástrofes humanitarias. Multinacionales españolas están facilitando datos agregados (no personales) a los gobiernos para que tengan información sobre los movimientos en masa de la población. En la Comunidad de Madrid, se está utilizando ‘big data’ para monitorizar la pobreza infantil.

De izda. a dcha.: Lidia del Pozo (BBVA), Mónica Gil-Casares (F. Codepa) y José Carlos Sánchez (Prodigioso Volcán), en la presentación del informe.

Por otra parte, la inteligencia artificial está siendo relevante en el ámbito de la telemedicina en países menos desarrollados y zonas geográficamente aisladas donde el personal sanitario es escaso. 

En cuanto a las conclusiones más novedosas del informe, Ortiz destaca: “En un principio pensábamos que las tecnologías más disruptivas iban a ser las que más impacto iban a tener en el mundo en desarrollo pero no es así”. La investigadora detalla que, a día de hoy, la tecnología móvil, por su gran penetración en muchas partes del mundo, es una de las herramientas que más impacto tienen en la lucha contra la pobreza. En cambio, tecnologías como la inteligencia artificial o el ‘blockchain’ “todavía son muy incipientes en países desarrollados y mucho más en países en desarrollo”.

Otra de las conclusiones de la investigación es que las tecnologías, para ser eficaces, tienen que cumplir con las cuatro ‘aes’, es decir, adecuadas, accesibles, asequibles y adaptadas. “Puedes introducir tecnología pero, si no está acompañada con un plan de formación para usarla, adaptada al contexto o no hay proveedores locales que puedan ocuparse de su mantenimiento, no va a ser eficaz”, señala Gil-Casares.

Barreras en las empresas

Por otra parte, el estudio ha constatado que hay determinadas barreras que desincentivan a las empresas para apostar por la tecnología con propósito. “Muchas empresas no se meten en este tema no porque tengan dificultad con la tecnología sino por una cuestión de cultura y propósito de la empresa”, incide la directora del Área de Investigación de la Fundación Codespa. Uno de los elementos culturales que actúan como freno es “el concepto tradicional de empresa por el que la empresa solo debe enfocarse en la generación de dividendos para los accionistas”.

Isabel Ortiz: “No hay que esperar a ser Google o Amazon; se puede empezar de forma más modesta y con alianzas”

Otro lastre es la falta de transversalidad entre distintas áreas, debido a la compartimentación excesiva de las áreas de RSC y las áreas de tecnología o de negocio. “Por eso queremos demostrar, por una parte, que aquellas empresas que tienen mayor impacto social mejoran su competitividad y negocio”, añade Gil-Casares.

Ortiz señala otra de las barreras con que se topan las empresas españolas para desarrollar proyectos de tecnología con propósito: “En los últimos años se está produciendo la transformación digital pero hay empresas que todavía no la han completado o para las que está siendo un quebradero de cabeza y no saben llevarla a cabo de forma eficiente. Para estas empresas, pensar en desarrollar un proyecto de impacto social supone una carga adicional”.

Por este motivo, “de lo que se trata es de abrirles los ojos y decirles: no hace falta que hayas completado la digitalización pero puedes ir incorporando esos proyectos sociales estableciendo alianzas con socios como ONG o fundaciones”. A juicio de esta investigadora, “no hay que esperar a ser Google o Amazon. Se puede empezar de forma más modesta y con alianzas”. Para Ortiz, no cabe duda de que los casos más exitosos son fruto de una colaboración entre empresas y organismos multilaterales, fundaciones, ONG... “Las alianzas son la clave”, concluye.

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