La industria de la automoción se prepara para dar el gran salto

¿Cómo será el coche del futuro?

Un automóvil rojo viaja en estos momentos por el espacio. Es un Tesla Roadster que el magnate Elon Musk ha puesto a bordo del Falcon Heavy, el cohete más potente de la historia de la exploración espacial. Este ‘coche espacial’ puede ser solo una extravagancia o una estupenda jugada publicitaria, pero nos ha llevado a preguntarnos cómo serán los automóviles del futuro.

El coche Tesla que el magnate Elon Musk ha puesto a bordo del Falcon Heavy.

07 Feb | Ignacio Santa María | Soziable.es

Un maniquí vestido de astronauta llamado Starman viaja en el asiento del conductor de este automóvil espacial que lleva instaladas tres cámaras y una unidad de almacenamiento con libros de ciencia ficción escritos por Isaac Asimov. Si todo sale como está previsto, el Tesla Roadster, quedará orbitando en el espacio y mandará a la Tierra las imágenes captadas por sus cámaras.

Aquí abajo, en nuestro planeta, el sector del automóvil se prepara para dar el gran salto. En solo dos o tres décadas va a experimentar más cambios que en sus 130 años de historia. Las compañías automovilísticas están invirtiendo ya miles de millones cada año en I+D+i para afrontar problemas como la siniestralidad, la saturación en las grandes ciudades, el impacto medioambiental o el gasto energético. El coche del futuro está a la vuelta de la esquina.

Imaginemos a una persona que va a trabajar a su oficina por la mañana. No tiene que sacar su coche del garaje porque un vehículo, que no es de su propiedad, le está esperando ya frente al portal de su casa. Se sube a él y se pone cómodo: su interior parece un despacho o una salita de estar. No tiene que conducirlo porque es autónomo y no solo sabe sortear todos los obstáculos, sino también evitar los atascos, pues cuenta con información actualizada al minuto. Por supuesto, no tiene que perder ni un segundo en aparcar cuando llega a su destino: el vehículo desaparece tal y como ha aparecido.

El automóvil está a punto de entrar en una dinámica disruptiva como la que atraviesan las TIC

Según muchos expertos, no habrá que esperar más de 10 o 15 años para observar una escena como esta. Y dentro de 30 o 35 años ya podríamos estar hablando de coches voladores o con carrocerías flexibles como burbujas. La industria del automóvil está a punto de entrar en una dinámica disruptiva como la que desde hace unos años domina el sector de la información y la comunicación. Es una revolución que viene de la mano de la tecnología. De hecho, hoy día cualquier coche tiene unos 500 semiconductores, más que un ordenador, y 100 veces más líneas de software que un Boeing 747.

La industria automovilística actualmente crece a un ritmo del ocho por ciento en el mundo, una vez superada la crisis global que paralizó la compra de vehículos entre 2008 y 2013. Esta recuperación ha empujado a las grandes compañías a invertir grandes cantidades de dinero en la innovación. Por ejemplo, según datos de la patronal de la automoción en España (Anfac), la inversión en I+D de la industria del motor europea ronda los 40.000 millones al año, de los que 1.000 millones se invierten en España.

El director de Comunicación de Anfac, Adolfo Randulfe, asegura que “la mayoría de las empresas fabricantes de automóviles tienen departamentos trabajando para anticipar cómo será la movilidad del futuro: las megaurbes y sus problemáticas, qué tipo de energía moverá los vehículos, cómo reducir el impacto ambiental al mínimo, si los conductores serán o no los propietarios de los coches… Todo se encuentra en estudio, y es muy difícil de categorizar cuál de todos los temas expuestos es más importante”.

No solo las marcas automovilísticas están desarrollando nuevos diseños y prototipos. Algunas de las compañías que más ingresos han obtenido en la era de Internet están invirtiendo parte de sus beneficios en revolucionar el transporte. Es el caso de Google y su línea de investigación para alcanzar la autonomía de los vehículos. Tras hacer algunos experimentos en varios modelos en serie, y aunque ha sufrido algunos accidentes en estas pruebas, ya se ha lanzado a desarrollar su propio vehículo: el Google Car.

Evitar accidentes

Al igual que Google, una de las metas que se ha fijado la industria automovilística es la conducción autónoma. La idea es que si se alcanza un alto nivel de seguridad en la autonomía se podrán evitar todos los accidentes que tienen su origen en factores humanos. Pero la autonomía no llegará de repente, sino a través de varias fases. “Hoy ya hay coches capaces de circular con ciertos niveles de autonomía en determinadas circunstancias”, señala Randulfe, quien apunta que “para tener un parque automovilístico que mayoritariamente tenga la posibilidad de circular con altos niveles de autonomía, hay fuentes que afirman que habrá que esperar, al menos, hasta alrededor del año 2040”.

Existen vehículos capaces de circular solos y tomar curvas pero no pueden adelantar a otros coches con seguridad

Una primera fase, que ya es una realidad, es la introducción de un piloto automático que permite a los vehículos acelerar y frenar en los atascos, manteniendo la distancia de seguridad con el coche de delante y ahorrando así al conductor ese esfuerzo tan monótono. El director de Comunicación de Anfac da fe de ello: “Hoy existen modelos capaces de realizar una conducción completamente autónoma en determinadas situaciones: aceleran, frenan y se detienen en retenciones mientras no se superen los 60 kilómetros por hora, pero la legislación no permite que el sistema funcione si el conductor quita las manos del volante durante más de unos segundos”.

También existen vehículos capaces de circular solos y tomar curvas, aunque todavía no hay ninguno capaz de adelantar a otros coches con seguridad. Pero no habrá que esperar mucho, uno o dos años, para que hagan solos esta maniobra y aparquen sin ayuda del conductor.

Hacia la autonomía total

Sin embargo, habrá que esperar hasta 2025 para que llegue la autonomía plena, en la que los automóviles tomarán en cada momento sus propias decisiones basándose en la información que les llegará a través de una conectividad total de todos sus sistemas. “En las últimas fases de desarrollo de la autonomía veremos coches que, manteniendo el volante y los controles, serán capaces de tomar todas las decisiones y de hacerlo minimizando el riesgo para el conductor y su entorno. Y habrá otros que, sin embargo, conduzcan y realicen tareas programadas de forma independiente. “Pueden no tener ni volante ni pedales”, augura Randulfe.

Los límites a la conducción autónoma no vendrán tanto de la tecnología como de la normativa de tráfico

Los límites a la conducción autónoma no solo vendrán de la tecnología, sino sobre todo de la normativa de tráfico vigente, como explica el portavoz de Anfac: “En un primer momento el principal obstáculo será la tecnología disponible y el precio de esta. En cuanto a las normas de tráfico, estas tendrán que variar para adaptarse a la nueva realidad de este tipo de coches. Por lo que respecta a la seguridad, personalmente no creo que sea un impedimento, al contrario, un parque mayoritariamente autónomo, por lógica, debería tender a una reducción de los accidentes de tráfico. Algunos estudios hablan de un recorte del 80 por ciento en los próximos 20 años”.

Otro tema en discusión es el de la velocidad que podrían alcanzar los coches del futuro. El ejemplo más extremo es el del Bloodhound, el automóvil supersónico diseñado en Gran Bretaña que es capaz de alcanzar los 1.609 kilómetros por hora, una marca que superaría ampliamente el récord del futurista tren Hyperloop. Aquí, una vez más, el lastre no será de tipo tecnológico, sino que tendrá que ver con los límites que imponga la normativa de tráfico de cada país.

Pero para que un automóvil pueda abandonar la atmósfera terrestre y ponerse en órbita hay todavía un largo trecho, por lo que es seguro que al Tesla Roadster le quedan todavía muchos años de reinado en el espacio.

 

Coches voladores

Toyota, el segundo fabricante de automóviles del mundo, anunció que va a invertir 320.000 euros en el prototipo de coche volador que desarrolla la empresa Cartivator. El modelo, bautizado como Skydrive, se elevará unos 10 metros del suelo y alcanzará los 100 kilómetros por hora. La aspiración de sus creadores es que, en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020, la antorcha ascienda hasta el pebetero a bordo de este extraño vehículo.

Pero Japón no es el único país que piensa en coches voladores. En EE. UU., existe una pequeña start up, llamada Kitty Hawk, auspiciada por el cofundador de Google, Larry Page, que desarrolla otro vehículo volador de nombre Flyer. En Europa, la compañía Airbus tiene un proyecto de automóvil aéreo. Por otra parte, la red de transporte privado Uber trabaja en un proyecto para implantar taxis voladores en Texas y en Dubái dentro de tres años.

Para el director de Comunicación de Anfac, el mayor inconveniente para el desarrollo y la puesta en servicio de estos coches voladores “no es tanto la tecnología, que ya está disponible, como el encaje legal que pueden tener estos vehículos”. En realidad –reflexiona Randulfe– hoy hablamos más “de pequeñas avionetas privadas con alas plegables que de coches que vuelan”.

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