Pasar al contenido principal
Según Greenpeace

Diez desafíos medioambientales que impactan en España

Con temperaturas cada vez más extremas, con escasez de agua creciente (embalses al 42% y cientos de municipios con restricciones) y con el 75% de la superficie de España en riesgo de desertificación, Greenpeace ha querido mostrar los principales desafíos medioambientales que impactan la Península Ibérica.

Desafío medioambiental, un 75% del territorio español está en riesgo de desertificación.
Desafío medioambiental, un 75% del territorio español está en riesgo de desertificación.

De la mano del fotógrafo Pedro Armestre, Greenpeace ha querido mostrar, en imágenes, algunos de los principales impactos medioambientales sobre los paisajes, los ecosistemas, la biodiversidad y el territorio, agravados por el cambio climático.

Sequía

La organización apunta a las evidencias científicas que existen acerca de una progresiva expansión de los climas áridos y un retroceso de los climas templados y fríos en España. En este sentido, indica que los climas áridos y semiáridos son más propensos a la sequía y pueden experimentar una disminución en la cantidad y calidad del agua, y, sin embargo, la expansión del regadío no ha tenido en cuenta los cambios de clima en la península, ya que sigue aumentando en extensión y muchas superficies de riego en España ya se sitúan en zonas en las que ya ha evolucionado el clima a árido y semiárido, según la AEMET.

Ante este contexto, la solución que plantea pasa por frenar el crecimiento de la demanda de agua, con una hoja de ruta para adaptar el regadío y el futuro de la agricultura a la disponibilidad hídrica y garantizando un reparto equitativo de los recursos, así como garantizar el derecho al agua a través de una gestión pública eficiente de los recursos hídricos, y establecer perímetros de protección eficaces en todas las zonas de captación de agua para consumo humano, en línea con la Directiva Marco del Agua.

Incendios

Otro de los desafíos que amenazan el país son los incendios, que según la entidad, son "cada vez más virulentos y más difíciles de controlar". Solo el año pasado (2022) ardieron cerca de 270.000 hectáreas y se contabilizaron 57 grandes incendios forestales. Y, tal y como subraya, la situación será, previsiblemente, "cada vez peor" por el cambio climático (que deja un paisaje seco, continuado e inflamable) y por la matorralización de las masas forestales propias del éxodo del medio rural.

Para solventarlo, para Greenpeace, es "imprescindible" mejorar la gestión forestal todo el año, para lo que las Administraciones tienen que establecer un fondo presupuestario de apoyo a la prevención de incendios y la gestión forestal. Según añade, no sólo se trata de apagar fuegos, hay que prevenirlos antes y para ello se requiere la coordinación con las Comunidades Autónomas con criterios comunes.

Asimismo, considera que son necesarias medidas fiscales favorables para los propietarios forestales, al tiempo que, en su opinión, las campañas de extinción de incendios no pueden estar sólo ligadas a la época estival, es imprescindible impulsar una gestión forestal adaptativa para conformar paisajes más resilientes frente a los escenarios de cambio climático.

Desertificación

Greenpeace también señala a España como el segundo país con "más estrés hídrico de Europa", con un 75% de su territorio en riesgo de desertificación. Es más, en cuanto a las proyecciones climáticas futuras, prevé que padeceremos "sequías diez veces peores que las actuales". En este sentido, indica que los períodos prolongados de sequía y calor reducirán la disponibilidad de agua dulce y amenazarán los rendimientos agrícolas, lo que puede conducir, a su vez, a la escasez de agua y al aumento de los precios de los alimentos.

La propuesta que hace la entidad es avanzar hacia la transición agrológica reconvirtiendo las producciones agrícolas intensivas y superintensivas a explotaciones sostenibles, diversificadas y de bajo consumo de agua, adaptadas a los caudales disponibles como consecuencia de los efectos del cambio climático. Para ello, plantea que hay que incrementar la agricultura ecológica en un 30% de la superficie para 2030 y el 100% en 2050; identificar las zonas agrícolas más vulnerables al cambio climático y desarrollar un plan de adaptación y recuperación de estas zonas, y proteger y restaurar los ríos, los bosques de ribera, las cabeceras de valles y “plantar agua”.

Pérdida de biodiversidad

Otro problema que destaca es que nos encontramos ante la sexta extinción masiva de especies, que está ya en marcha impulsada por la actividad humana: alrededor de un millón de especies se enfrentan a ese riesgo de extinción, muchas en cuestión de solo décadas.

Así, proteger al menos el 30 % de la tierra y los océanos para 2030, a más tardar, es la solución que plantea, para lo que hay que implementar el Plan Nacional de Adaptación, y apoyar la adopción urgente de un Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea ambicioso, entre otras.

Contaminación por agricultura industrial

En cuanto a la contaminación por agricultura industrial, Greenpeace afirma que es “destructiva”, consumiendo una cantidad de agua “que no podemos permitirnos” y empleando productos químicos (fertilizantes y plaguicidas) que, además, provocan emisiones de gases de efecto invernadero, contaminan los acuíferos, los suelos y los alimentos y afectan a la biodiversidad.

La respuesta que plantea es la agroecología, para lo que hay que reconvertir las producciones agrícolas a explotaciones sostenibles, y reducir la contaminación del agua, entre otros aspectos.

Contaminación por ganadería industrial

A este respecto, la ONG afirma que los purines de la ganadería industrial "son contaminantes y afectan directamente al agua subterránea y a la biodiversidad de la zona", incluso a las personas que, en muchos lugares de España, ya están bebiendo agua con niveles de nitratos por encima de lo permitido. “El problema en nuestro país es ya tan grave que la Comisión Europea ha abierto un procedimiento de infracción y ha enviado un dictamen motivado al Gobierno español”, sostiene.

Como solución, apuesta por el fin de las macrogranjas, y por la prohibición de nuevos proyectos de ganadería industrial y de ampliación de los existentes, así como la eliminación de los subsidios a la ganadería intensiva. En este sentido, indica que hay que reducir la cabaña de ganadería intensiva en un 50% para 2030 y promover una transición justa para las explotaciones actuales.

Para ello, plantea algunas cuestiones, tales como: asegurar que la ley de Contratos del Sector Público favorezca la pequeña producción local, eliminar el IVA en todos los alimentos ecológicos e incrementar el de la carne roja y los productos ultraprocesados, o rear y distribuir una cesta básica social de alimentos ecológicos, locales y de temporada a familias vulnerables, fomentar la “dieta de salud planetaria” y reducir el desperdicio alimentario en, al menos, el 50% para 2028.

Turismo masivo

Durante los últimos 30 años la superficie urbanizada de la costa española se ha duplicado y, según denuncia Greenpeace, muchos ecosistemas han sido destruidos, mermando su biodiversidad y los beneficios que reportan al ser humano. “Hemos destruido el equivalente a 26 campos de fútbol de superficie de costa al día durante las tres últimas décadas”, añade.

Así, señala que, con los millones de turistas que llegan a las costas españolas cada año, se incrementa el impacto humano: las demandas de abastecimiento de aguas, energía, transportes, y la generación de residuos sólidos, aguas residuales y gases contaminantes, que deben regenerar los ecosistemas locales. “Esto deja una costa saturada e incapaz de generar los bienes y servicios necesarios para un desarrollo sostenible futuro”, concluye.

En este sentido, propone tasas turísticas en zonas de turismo masivo y fomento del turismo que reconozca el valor natural, cultural y patrimonial del territorio, entre otros.

Plásticos

Cada año llega a mares y océanos el equivalente en basura a hasta 1.200 veces el peso de la Torre Eiffel. Ni el 30% de los plásticos se reciclan en España. En España, algunas zonas de agricultura intensiva usan recursos de manera desorbitada, tales como agua, pesticidas o plásticos.

Para Greenpeace, hay que reformular el sistema actual, implantando políticas de reducción y reutilización, y hay que establecer un comité independiente y público que supervise y vigile las cifras de recuperación de materiales.

Impunidad ambiental

En este aspecto, la ONG hace referencia a los beneficios empresariales que no respetan la salud ambiental y de la ciudadanía, exponiéndose en algunos casos a residuos industriales tóxicos, peligrosos y radiactivos.

En este sentido, aboga por acabar con la impunidad y garantizar la protección efectiva del medio ambiente y el cumplimiento de la normativa europea, así como garantizar la responsabilidad plena de las compañías por los daños causados a las personas y al medio ambiente o el cumplimiento de las sentencias de los tribunales.

Contaminación por combustibles fósiles

Los combustibles fósiles representan más del 75% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y casi el 90% de todas las emisiones de dióxido de carbono, generando sustancias tóxicas y peligrosas que tienen un impacto para la salud humana y la del medio ambiente.

En España, se estima que las muertes atribuibles a la inhalación de partículas en suspensión en el aire PM2,5 llegan a las 44.600, algo más del 10 % de los fallecimientos anuales de personas mayores de 14 años. 

Para la entidad, hay que acabar con el uso de los combustibles fósiles “cuanto antes”: las emisiones mundiales, así como las españolas, “tienen que reducirse por lo menos a la mitad para 2030 y, en última instancia, los combustibles fósiles tienen que desaparecer para siempre para lograr la descarbonización en 2040”.

“Hay que reducir el consumo de energía, favorecer el ahorro, mejorar la eficiencia energética y llegar rápidamente a un sistema energético 100% renovable, sin dedicar ni un solo euro más a nuevas infraestructuras fósiles”, asevera.