Entrevista con Marta Colomina

“Las empresas deben dar un paso adelante y buscar la forma de generar un impacto social positivo”

La directora de Marketing y RSC de PwC y directora general de la Fundación PwC, Marta Colomina, ofrece en esta entrevista con Soziable.es su visión acerca del papel de las empresas ante los nuevos retos sociales.

Directora general de la Fundación PwC, Marta Colomina

06 Mayo 2021 | Rocío Barrie | Soziable

Natural de Valencia y con una vida asentada en Madrid desde que decidiera terminar sus estudios de Económicas en la capital, ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en el mundo de la consultoría hasta que hace ocho años se sumergió en la Responsabilidad Social Corporativa, un área que, para ella, debe tenerse en cuenta en las decisiones de los Consejos de Dirección y sobre la que es preciso comprender que, por encima de los beneficios de las empresas, hay que obtener un impacto social positivo.

Un mundo que desconocía, pero que le ha permitido sentirse como un vínculo entre las empresas y el sector social, conectar entre ellos y dar a conocer su evolución en materia de innovación, digitalización, emprendimiento social o inversión de impacto, “una de las grandes revoluciones para la acción social”. Un trabajo que vive con ilusión porque le permite que sus funciones tengan impacto, al tiempo que poder ayudar a minimizar o intentar contribuir a los nuevos retos sociales.

- Actualmente estamos asistiendo a una crisis sin precedentes a nivel sanitario, social y económico en la que los distintos agentes sociales, políticos y empresariales tienen la responsabilidad de salir adelante de una manera conjunta. Por parte del sector empresarial, ¿cómo cree que se debe actuar para volver a generar confianza en una sociedad que vive con tanta incertidumbre?

Las consecuencias de esta crisis producida por la pandemia de la COVID-19 son tan relevantes que solo con la colaboración público-privada podremos abordar los grandes retos que tiene el país. Por parte del sector empresarial, es imprescindible focalizarse en los impactos sociales de sus actuaciones, no solo en los negativos sino también en cómo generar impactos positivos.

En los últimos años, hemos visto actuaciones muy relevantes dirigidas a disminuir las consecuencias de la actividad empresarial en el medio ambiente y también en el ámbito social, como la defensa de los derechos humanos. Las compañías deben (muchas lo están haciendo ya) dar un paso adelante y buscar la forma de generar un impacto social positivo, que en su actividad añadan valor a las comunidades donde operan, no solo generando empleo y pagando impuestos, sino también contribuyendo a abordar alguno de los retos que como sociedad tenemos.

- ¿Cómo se integra la gestión empresarial con un impacto social positivo?

Para generar un impacto social positivo es esencial integrarlo en la estrategia. Es desde la estrategia desde donde se puede hacer la reflexión de cómo la compañía puede aportar con sus capacidades y talento. En ocasiones, se relacionará con la innovación y diseño de productos o con el acceso y distribución de los mismos o con el desarrollo de los recursos humanos. Cada compañía tiene que hacer la reflexión individual de cuáles son sus capacidades y dónde y cómo aportarlas.

En el ámbito del diseño, nos encontramos ejemplos interesantes en el mundo de la alimentación, cuando se incorporan vitaminas en productos de consumo destinados a países en desarrollo y en la de generación de empleo, cuando se busca específicamente cubrir posiciones con personas de colectivos vulnerables. Ejemplos hay muchos, la clave es analizar el sector y geografías donde se opera y las capacidades de la compañía para identificar aquellos elementos que pueden formar parte de nuevas o existentes iniciativas que tengan un impacto social positivo.

- A partir de la irrupción de la pandemia, las empresas se volcaron en combatir la emergencia sanitaria y la RSC pasó a ser parte de la solución a esta crisis. ¿Esto marcará nuevas prioridades? ¿Hacia dónde va la RSC ante este nuevo paradigma?

La RSC ha tomado una relevancia que no había alcanzado con anterioridad. La pandemia ha hecho ver que los asuntos sociales son imprescindibles. Estos temas se trabajaban tradicionalmente desde los departamentos de RSC y, en muchas ocasiones, a espaldas del negocio, como un área independiente y aislada. La emergencia sanitaria la ha puesto en el centro y la ha conectado con el negocio. Es un primer paso muy relevante, aunque todavía queda camino por delante para que la RSC esté en el comité de dirección, no como un departamento, sino como un asunto totalmente vinculado a las áreas de negocio de la compañía. Por primera vez, la pandemia hizo que el comité de dirección tuviera que tomar decisiones asociadas a salud en el trabajo, protección de los empleados, flexibilidad o ayudas de emergencia, entre otros. Estoy segura de que no será la última.

- Como directora de RSC de PwC y directora general de la Fundación PwC, ¿cómo afrontó este año? ¿Qué retos se marcaron para ser agente del cambio?

Durante los primeros meses de la pandemia, nuestro objetivo se centró primero en cuidar de nuestros empleados; en segundo lugar, en estar cerca de nuestros clientes, que se encontraban con muchas dificultades para poder seguir con sus operaciones; y, en tercer lugar, en apoyar al sector social que estaba volcándose con los perfiles más vulnerables. En esta tercera línea, por ejemplo, creamos un help desk solidario para que nuestros profesionales pudieran ayudar probono con todas las cuestiones y dificultades legales que se estaban encontrando las ONG a raíz de la declaración del estado de alarma. Esto fue parte de nuestras actividades, donde nos dimos cuenta de que donde más podíamos aportar era con nuestras capacidades, a través de ayudar con conocimiento y gestión. Seguimos activos en esta línea, intentando aportar al sector social, proponiendo nuevos modelos de inversión social y la utilización de fondos europeos para la reconstrucción desde el ámbito social,

- Las alianzas creadas entre los sectores públicos y privados han generado un gran impacto social durante la pandemia. ¿Cree que esto llevará a nuevos modelos de trabajo en la RSC de las empresas?

Creo que no es nuevo trabajar en alianzas, ya que desde la RSC de las empresas se ha trabajado tradicionalmente en colaboración con el tercer sector. Lo que ahora se ha puesto quizás más de manifiesto es el papel fundamental del mundo empresarial en abordar los problemas sociales y de su necesaria contribución junto con el sector público y el sector social. La combinación de lo que puede aportar cada uno de ellos es la manera más exitosa de avanzar: el sector social con el conocimiento y proximidad a las problemáticas, el sector público con sus instituciones y financiación y el sector empresarial con su capacidad de gestión. Sin duda, vamos a ver, cada vez más, modelos de colaboración entre los tres agentes. Es difícil que uno de ellos, en solitario, pueda abordar con éxito una problemática social tan relevante.

- ¿Cómo afectará el impacto de la COVID-19 al sector fundacional a largo plazo?

La COVID-19, entre otras muchas consecuencias, ha implicado una necesidad de transformación de muchas entidades que vieron paralizadas sus operaciones con el estado de alarma. Muchas actividades con presencia física se suspendieron e incluso en algunos casos todavía no se han recuperado. Las ONG han tenido que readaptar sus actividades para desarrollarlas en entornos virtuales. No es solo hacer una reunión por Zoom, es repensar el modelo de operaciones de la entidad y ver cómo la digitalización puede aportar. Esta transformación digital, que era en muchos casos un tema pendiente, se ha tenido que abordar por necesidad. El otro impacto significativo tendrá que ver con la financiación. Muchos de los ingresos asociados a colaboraciones con empresas o subvenciones para determinadas actividades han disminuido sustancialmente. Esto implicará una aceleración hacia la búsqueda de ingresos en otros canales y modelos económicamente más sostenibles.

- ¿Cómo posicionaría a las fundaciones corporativas ante los nuevos retos sociales? ¿Y cuáles cree que son los ámbitos que mayor compromiso e intervención requieren?

Las fundaciones corporativas tienen un rol privilegiado para colaborar en la solución de los retos sociales. Por un lado, conocen de cerca la problemática social que se vincula con su misión y, por otro, están próximas a una compañía con todo lo que significa de recursos, conocimientos, capacidades y relaciones. Este rol que puede jugar en muchos casos, como nexo de unión entre el mundo empresarial y el sector social, genera sinergias y colaboraciones que aportan mucho valor.

- Se acaba de aprobar el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno y las fundaciones han venido presentando múltiples proyectos para que sean financiados con sus fondos. ¿En qué medida considera que ha reconocido la contribución de este sector?

Los Fondos Next Generation EU, que se distribuirán en España a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, son una oportunidad única para abordar las transformaciones que requiere el país, después del cambio tan drástico que ha significado la pandemia, y van a permitir abordar algunos de los asuntos clave que tenemos para conseguir una sociedad más justa, próspera y sostenible. Los pilares del Plan alrededor de la transición ecológica y la digitalización y los proyectos asociados con formación e investigación están directamente vinculados con la misión de muchas entidades del ámbito social. Por ello, es imprescindible contar con el sector social para abordar muchas de las iniciativas asociadas a dicho plan. El sector social, y sus plataformas y agrupaciones, deben estar cerca de los decisores, tanto del ámbito gubernamental como empresarial, para poder demostrar sus capacidades y que se conviertan en un agente imprescindible de dichos proyectos.

- Estamos en la última década para alcanzar los objetivos marcados por la Agenda 2030, ¿cómo están contribuyendo las fundaciones empresariales al cumplimiento de los ODS?

Se estima que las inversiones anuales necesarias para poder cumplir los ODS se sitúan en 6 trillones de dólares anuales y existe un déficit anual de 2,6 trillones de dólares, lo que supone más de un 40% de las necesidades totales. Todos los agentes, las compañías y sus fundaciones, deben contribuir si queremos que se haga una realidad. Gran parte de las fundaciones corporativas en España ya ha definido su misión y actividades en torno a uno o varios ODS. Por ejemplo, con el ODS 4 de Educación, desde la Fundación PwC, hicimos un análisis de cómo están contribuyendo las compañías al mismo y que se podía desarrollar para acelerar el cambio.

La realidad es que las empresas son las primeras necesitadas de avanzar en la consecución de este objetivo, que impulsa la educación y formación de sus futuros trabajadores y clientes. Por eso, vemos que este ODS forma parte del plan de actuación de muchas compañías. Cuando encontramos la vinculación entre la acción social y el negocio, es cuando se pueden destinar más recursos y asegurar que las actuaciones sean relevantes. Volvemos a lo comentado inicialmente de la importancia de incluir la acción social como parte de la estrategia.

- El avance legislativo en Europa para regular la responsabilidad de las empresas sobre los impactos en los derechos humanos y el medio ambiente es una realidad y se espera que en junio de 2021 la Comisión Europea apruebe esta propuesta legislativa. ¿Están preparadas las empresas españolas para ello?

Hemos de diferenciar la gran empresa, que normalmente tiene los recursos y capacidades para ello, de las pequeñas y medianas empresas. En primer lugar, diría que, mayoritariamente, sí. Las empresas están pendientes de las novedades legislativas y van anticipando sus actuaciones. En materia de medio ambiente, ha habido inversiones muy relevantes, muchas compañías han adoptado compromisos Net Zero u objetivos ambiciosos de uso de energías renovables y descarbonización. En el ámbito de los derechos humanos, las grandes compañías con cadenas de suministro en países emergentes llevan años trabajando en ello. La dificultad es en las PYMES, que además es el segmento sustancial de nuestro tejido empresarial. En muchas ocasiones, no tienen la capacidad ni de conocer la norma que les va a afectar hasta que ya es un hecho.

Por eso es tan importante el apoyo que desde la administración se pueda hacer en este ámbito. Por un lado, intentando que la normativa no sea un exceso de burocracia y reglamentación administrativa y, por otro, aportando las ayudas cuando los cambios requeridos exigen inversiones relevantes, por ejemplo, como se está haciendo con los temas de eficiencia energética.

- Por último, ¿cuáles cree que son las claves para la reconstrucción post COVID-19?

La crisis de la COVID-19 implica cambios en nuestra sociedad que se quedarán instalados cuando la pandemia haya sido superada. Pero a su vez, esos cambios, son claves para la reconstrucción de una sociedad más resiliente y sostenible. Para mi hay tres elementos imprescindibles: primero, poner lo social en el foco. No solo porque sea la salud la primera consecuencia de la crisis, sino porque se ha puesto de manifiesto que la reconstrucción requiere de una sociedad equilibrada, con menor desigualdad y con una cobertura de mínimos (sanidad, educación, dependencia...) asegurada para todos. En segundo lugar, una digitalización que llegue a todos los ámbitos. No se puede hablar de transformación digital si solo alcanza a las grandes compañías e instituciones. La pequeña y mediana empresa, el comercio, los servicios…debe poder aprovechar las ventajas de la digitalización porque de ello depende en gran parte su supervivencia. Y, en tercer lugar, el cuidado del medio ambiente. Sin sostenibilidad medioambiental, sin hacer la transformación necesaria hacia un modelo respetuoso con el entorno, hacia modelos de descarbonización y energías renovables, consumo responsable y economía circular, la reconstrucción no será posible.

La buena noticia es que esta crisis de la COVID-19 ha acelerado los cambios que se estaban ya produciendo, pero a un ritmo que no era el necesario. Ahora se ha puesto el foco en las luces cortas y largas y quizás sea el elemento positivo que nos ha dejado.

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