Según un estudio de Cruz Roja

Mujeres, poblaciones urbanas y personas en desplazamiento, los más afectados por las consecuencias socioeconómicas de la COVID-19

Las mujeres, las poblaciones urbanas y las personas en desplazamiento se han visto afectadas de manera singular y desproporcionada por las devastadoras consecuencias socioeconómicas derivadas de la pandemia de la COVID-19. Así se desprende del nuevo estudio publicado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

El informe señala que, en España, aumentó la ansiedad de la población durante el confinamiento.

08 Dic 2021 | Redacción | Soziable.es

El nuevo estudio del movimiento internacional de Cruz Roja revela cómo la pandemia de la COVID-19 ha tenido repercusiones significativas en todos los países del mundo. Según indica, en España existen pruebas de que, durante el confinamiento inicial, aumentaron los niveles de ansiedad de la población.

Así, según una encuesta realizada a unas 1.500 personas, todas ellas atendidas por Cruz Roja Española, el 43% de las personas beneficiarias de la asistencia experimentaba preocupación “siempre” o “casi siempre”; el 29% se sentía tristes; y el 25% afirmó sentirse deprimido. Además, el 34% señaló que tenía dificultades para dormir “siempre” o “casi siempre”.

Las causas subyacentes de estos problemas “no están claras, pero es probable que, en muchos casos, el estrés provocado por la pandemia exacerbara los síntomas preexistentes”, indica el estudio.

En este sentido, Cruz Roja explica que las personas que eran nuevas beneficiarias de la asistencia de la entidad desde el comienzo de la pandemia informaron de esos síntomas “en mayor medida” que las personas que ya recibían esa asistencia antes de la pandemia, lo cual, señala, “implica que se volvieron vulnerables a causa de la pandemia por estar sometidas a mucho estrés, poco acostumbradas a sentirse inseguras y alarmadas por tener que depender de la ayuda de otros”.

Efectos de la pandemia para las personas y comunidades

Asimismo, este estudio pone también de manifiesto la magnitud de las consecuencias secundarias de la pandemia para las personas y las comunidades. Según apunta, la crisis ha conllevado el aumento de los niveles de pobreza y desempleo, la agudización de la inseguridad alimentaria, el aumento de los niveles de vulnerabilidad ante la violencia, un descenso en la educación y la reducción de oportunidades para los niños. Además, ha exacerbado los problemas de salud mental.

Para el presidente de la Federación Internacional, Francesco Rocca, esta investigación “demuestra algo que se sospechaba y se temía desde hace algún tiempo”, esto es, que las consecuencias secundarias adversas de esta pandemia han perjudicado el tejido social “de una manera que permanecerá perceptible durante años, cuando no decenios, en el futuro”.

“Quienes ya eran vulnerables debido a conflictos, al cambio climático y a la pobreza se encuentran al borde del precipicio. Muchas de las personas que antes podían resistir a las crisis son ahora vulnerables y necesitan asistencia humanitaria por primera vez en la vida”, añade.

Esta reciente investigación aporta un panorama mundial, con particular énfasis en diez países: Afganistán, Colombia, El Salvador, España, Filipinas, Iraq, Kenia, Líbano, Sudáfrica y Turquía. Según se desprende de ella, en general, las mujeres acusaron efectos “más significativos” que los hombres en lo que atañe a sus ingresos, riesgos más elevados ante la COVID-19 debido a sus funciones de cuidado de otras personas, una mayor exposición a la violencia sexual y por motivos de género y efectos en su salud mental.

Así, explica que es por ello que "en España, las mujeres constituyen el principal grupo de población beneficiario de actividades de salud mental y apoyo psicosocial, ya que notificaron más síntomas de problemas que los hombres".

Del mismo modo, según una encuesta realizada a las personas beneficiarias de ayuda de Cruz Roja en España, “más del 5% de las mujeres con pareja declararó haber sufrido violencia sexual o de género desde el comienzo de la pandemia”, cifra que, para la Federación Internacional, “probablemente sea demasiado baja debido a la escasa presentación de denuncias”.

Además, apunta a que la pobreza aumentó en las zonas urbanas, en ciertos casos, a un ritmo más acelerado que en las zonas rurales. Así, indica que las personas en desplazamiento fueron “más proclives” a perder su empleo, o a una reducción de horas de trabajo, durante la pandemia y fueron objeto de “amplio olvido” en las medidas oficiales de protección y salvaguarda.

Asimismo, añade que la falta de preparación dificultó la configuración de una intervención integral por parte de los países ante lo que se ha convertido simultáneamente en una emergencia de salud pública, una sacudida económica mundial, y una crisis política y social.

El informe denota también que el mundo se encamina a una recuperación en “extremo desigual”, dependiendo de la equidad y de la eficacia de los programas de vacunación.

“Reiteradamente hemos advertido que la distribución inequitativa de las vacunas, además de favorecer la persistencia de elevados niveles de contagio, agravará, prolongará, o exacerbará las repercusiones de esta pandemia. Mientras las consideraciones de ganancias primen sobre el sentido humanitario, y mientras los países ricos sigan monopolizando las dosis de vacunas, no podremos decir que la pandemia ha terminado”, señala Rocca.

Según concluye, “las personas deben abrir los ojos y tomar conciencia de lo que ocurre a su alrededor y dejar de lado las palabras para concentrarse en la acción. Caso contrario, existe el riesgo de que la recuperación tras la pandemia de COVID-19 sea tan injusta y desigual como las repercusiones de esta en sí”.

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