Escapar de la exclusión social

Factores como el nivel de estudios, la situación laboral, la ocupación y la renta son los principales responsables de que en España la pobreza se herede de padres a hijos. Esta es una de las conclusiones del último informe elaborado por la Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (Foessa) para Cáritas.

12 Sep | Laura Vallejo | Soziable.es

La pobreza se hereda en España de padres a hijos. Ocho de cada diez personas que sufrieron graves dificultades económicas en su infancia y adolescencia las están reviviendo en la actualidad como adultos, según revela el estudio de Foessa, titulado ‘La transmisión intergeneracional de la pobreza: factores, procesos y propuestas’.

El informe tiene como objetivo formar “conciencia crítica de un modelo social que no trata bien a los más débiles, ni logra un mínimo de justicia para los que más sufren”, según dijo el secretario general de Cáritas Española, Sebastián Mora Rosado, en la presentación del mismo.

Mora indicó que “el informe rompe el mito de la igualdad de oportunidades” porque “ni la crisis ha sido igual para todos, ni tenemos las mismas oportunidades, ni salimos desde el mismo lugar cada uno como pretenden hacernos ver los teóricos neoliberales”. Por ello, opinó que este estudio debe servir para que “construyamos oportunidades para la igualdad porque son posibles, son necesarias y porque la realidad del sufrimiento inocente lo reclama”.

La pobreza se hereda

La existencia de lo que se conoce como transmisión intergeneracional de la pobreza (TIP) se refiere a las dificultades que tiene una generación que ha vivido sus primeros años en un hogar en situación de pobreza para generar un cambio ascendente en el estatus socioeconómico con relación a la generación anterior.

En España y a la vista de los datos manejados en la investigación de Foessa, existe una estructura social que permite que las realidades de pobreza sean algo que se puede heredar y que, de hecho, se heredan.

Los estudios analizados –señala Raúl Flores, coordinador del infome– nos muestran una fuerte asociación entre las condiciones de vida de padres e hijos. No es extraño, por eso, que en los centros de servicios sociales y en los espacios de las entidades y ONG que actúan en el terreno de la acción social se esté atendiendo a los nietos de aquellos que acompañaron hace 30 años”.

Según añade Flores, “aunque se puede considerar como un axioma de nuestro modelo social el concepto de la ´igualdad de oportunidades´ para todos, los estudios analizados indican una fuerte asociación entre las condiciones de vida de padres e hijos, con lo cual la igualdad de oportunidades queda más como una aspiración que como una realidad”.

En el estudio se identifican varios factores de carácter estructural que intervienen y actúan en dicha transmisión de la pobreza, como son el nivel de estudios, la situación laboral, la ocupación y la renta.

Situación económica y educación

El documento constata una alta correlación entre las dificultades económicas en los hogares de origen y el nivel de formación alcanzado por éstos. A medida que los problemas financieros decrecen, aumenta la proporción de adultos con niveles educativos altos.

De hecho, los problemas económicos suponen un freno a la adquisición de niveles educativos más altos: cuatro de cada 10 adultos (41 por ciento) que vivió su adolescencia con problemas económicos muy frecuentes, no consiguió alcanzar la educación secundaria. Esta situación sólo afecta al ocho por ciento de los que nunca tuvieron dificultades económicas. Otro dato elocuente es que ocho de cada 10 personas que vivieron graves dificultades económicas en su infancia y adolescencia las están reviviendo en la actualidad como adultos.

Familias con hijos

La investigación presta una especial atención a la transmisión de la pobreza en el núcleo familiar y a la importancia de los menores en la intensidad de la misma en el seno de los hogares.

Tanto Sebastián Mora como Raúl Flores ponen el énfasis a la hora de señalar que “cuando hablamos de pobreza infantil nosotros nos referimos a la pobreza de las familias con hijos”. En ese sentido, el estudio subraya que, hoy en día, el mayor riesgo de pobreza y de exclusión social se da entre las familias con hijos a cargo. El riesgo de las familias con menores es notablemente mayor al de cualquier otra configuración familiar.

De manera concreta, la tasa de pobreza en los hogares sin menores es del 16 por ciento, mientras que asciende al 28 por ciento en los hogares en los que hay menores, al 42 por ciento en el caso de familias monoparentales con hijos y al 44 por ciento cuando las familias tienen tres o más menores.

Como explica Flores, “este fenómeno social, es a día de hoy, una de las cosas que más distingue la realidad social española de los países de nuestro entorno. La brecha en la tasa de pobreza entre los hogares sin menores y con menores es en España tres veces superior a la UE27”. Y aunque la pobreza y la exclusión de las familias con menores son previas a la crisis económica, estas se han hecho más extensas y más intensas en los últimos años.

Débiles inversiones públicas

El informe analiza también el modelo de protección social para encontrar las causas de la persistencia de la TIP. Una de ellas obedece a que el modelo español está centrado en el amparo del sector productivo de la población a través  de la protección del desempleo y de las pensiones de jubilación. Si bien antes los grupos con mayor riesgo de pobreza eran los mayores, ahora esto ha cambiado pasando a concentrarse el riesgo en las familias con menores. Ello responde al hecho de que la inversión en tercera edad no está cuestionada mientras que la inversión en infancia se observa como una responsabilidad de los progenitores.

En el estudio se afirma que la protección social de la infancia en España, en lugar de ir dirigida a todos los menores, sólo se destina, en la mayoría de las ocasiones, a quienes se encuentran en situación de desamparo o riesgo, lo que conlleva una segmentación de las políticas que reproducen las viejas pautas de segregación entre las poblaciones infantiles normales y las marginales, que se ven estigmatizadas.

Comparado con la media de la UE, España invierte muy poco en familia e infancia. La parte del PIB que España destina a la infancia y la familia es el 1,3 por ciento, frente al 2,2 por ciento de media de la UE27. El gasto en infancia y familia representa el 5,3 por ciento del total de gasto en protección social, mientras que en la UE27 el gasto en infancia y familia supone el 7,5 por ciento.

El informe constata también cómo el sistema español de impuestos y prestaciones ha sido y es uno de los menos efectivos en la redistribución de las rentas familiares de toda la UE, entre otros motivos por la práctica inexistencia de prestaciones de carácter familiar.

Tanto Flores como Mora apuestan por una serie de políticas que pongan fin a la Transmisión Intergeneracional de la Pobreza (TIP) entre las que destacan invertir en políticas sociales y redistributivas que reduzcan las desigualdades y una política de vivienda y urbanismo que se convierta en herramienta contra la reproducción y transmisión de las situaciones de vulnerabilidad o exclusión, entre otras.

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