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Día Internacional de la Mujer

Eleanor Roosevelt, primera dama del mundo e impulsora de la Declaración Universal de Derechos Humanos

Eleanor Roosevelt, sosteniendo un cartel de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en noviembre de 1949. Foto ONU

Anna Eleanor Roosevelt nació en Nueva York en 1884. Era sobrina de Theodore Roosevelt, que se convertiría en presidente de Estado Unidos a principios del siglo XX, de ahí que desde pequeña estuviera en contacto con la vida política de su país.

En 1905 se casa con un primo lejano, Franklin Delano Roosevelt, que llegaría también a la presidencia del país y resultaría elegido hasta en cuatro ocasiones, de hecho, a partir de entonces se cambió la Constitución para limitar los mandatos presidenciales.

Cinco años después, Eleanor Roosevelt comienza su activismo, cuando su marido fue nombrado senador del Estado de Nueva York y, tras el estallido de la primera Guerra Mundial, poniendo en práctica su propio lema, “No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar hasta conseguirla”, ingresa en la Cruz Roja y apoya a diferentes organizaciones que reivindicaban los derechos de las mujeres, como la Liga de las Mujeres Votantes y la División de Mujeres del Partido Demócrata.

Intervenir en el mundo

Después de que su marido sufriera un ataque de polio en 1921, Eleanor dio un paso adelante para ayudar a Franklin con su carrera política. Según su hija Anna, "la polio fue determinante a la hora de unir mucho más a mis padres", pues asegura que a partir de entonces encontraron intereses mutuos a un nivel diferente.

Desde muy joven, Eleanor Roosevelt llevó una vida política muy activa y llegó a dar cientos de conferencias y a participar en multitud de actos, habló de derechos humanos, de la infancia, la pobreza y la discriminación racial, reclamando también de manera permanente los derechos de la mujer.

Eleanor Roosevelt llevó una vida política activa y participó en multitud de actos sobre derechos humanos y de la mujer. 

Esa incansable tarea que asumió como conferenciante y miembro del Partido Demócrata fue vital para que su marido lograra, en 1928, la elección como gobernador de Nueva York. El siguiente paso, al que también contribuye su mujer, cuatro años más tarde, sería alzarse con la presidencia de Estados Unidos.

Con la puesta en marcha del New Deal, el célebre plan de rescate económico, Eleanor inició un recorrido por todo el país y se convirtió un poco en las piernas y los ojos de su marido

Poco antes, tras la Gran Depresión de 1929 y con la puesta en marcha del New Deal, el célebre plan de rescate económico, Eleanor inició un recorrido por todo el país, convirtiéndose un poco en las piernas y los ojos de su marido, y asegurándose de que las ayudas llegaban a los rincones más necesarios, a cada una de las personas.

"Ella, siempre inquieta, interesada por el mundo en el que vivía, sensible a las injusticias, desolada por la gran depresión y por las dos guerras mundiales que le tocó vivir... utilizó su posición no para encerrarse, como podría perfectamente haber hecho, en una torre de marfil de recepciones, alta costura y ramos de flores, sino para intervenir en el mundo, mediante ruedas de prensa, artículos de opinión, docencia, participación en acciones benéficas y acción política y diplomacia”. (Cita del prólogo de Laura Freixas al libro ‘Eleanor Roosevelt, La feminista que cambió el mundo’, de J. William T. Youngs, profesor de Historia de Estados Unidos)

Eleanor Roosevelt junto a la cantante de color Marian Anderson.

Aunque era leal a su marido y compartían un mismo partido y los principales valores democráticos, Eleanor Roosevelt no dudó en oponerse a él cuando lo considero necesario, así, cuando aspiraba a dirigir la Casa Blanca, en un acto político que terminó con una misa, dudó en qué zona del templo sentarse. A un lado, los blancos. Al otro, los negros. Su marido se colocó en el primer bando. Ella mandó traer una silla que colocó entre blancos y negros.

En otra ocasión, apoyó públicamente a Marian Anderson cuando en 1939 se le negó a esta cantante negra el uso de la Sala Constitución de Washington debido a su raza. Eleanor Roosevelt se encargó de que Anderson cantara en los escalones del monumento conmemorativo a Lincoln, creando una imagen perdurable e inspiradora de valentía personal y derechos humanos.

La belleza de sus sueños

Cuando su marido fue elegido presidente en 1933, Eleanor se convirtió en una primera dama distinta a todas las demás, por su activismo y compromiso, pero sobre todo por su espíritu curioso e inquieto: “El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”, afirmó en más de una ocasión.

Cuando su marido fue elegido presidente en 1933, Eleanor se convirtió en una primera dama distinta a todas las demás. Foto del matrimonio, Franklin y Eleanor Roosevelt.

Durante los doce años en los que el matrimonio estuvo alojado en la Casa Blanca, el apoyo mutuo les hizo fuertes, y grandes líderes, y les llevó a protagonizar momentos destacados de la historia de su país, de ahí el éxito en las sucesivas elecciones en las que Roosevelt resultó elegido.

Eleanor Roosevelt, "la Primera Dama del Mundo".

A la muerte de su marido, rechazó la oferta de postularse como vicepresidenta con Harry Truman, el sucesor de Roosevelt, que la calificó como la ‘Primera Dama del Mundo’, pero no pudo negarse ante la gran oportunidad que le ofreció de formar parte de la delegación estadounidense en la recién creada Organización de las Naciones Unidas.

Eleanor Roosevelt fue nombrada presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, compuesta por 18 miembros de distintos contextos políticos, culturales y religiosos, y del comité de ocho personas que preparó la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Ella fue la fuerza impulsora de un documento universal que en 1948 creó la declaración de libertades que siempre será su legado.

Su papel y el de otras mujeres presentes en la Comisión de Derechos Humanos fue fundamental para aunar voluntades y garantizar un texto que aspirase a la universalidad y, como elemento clave, a la igualdad de género.

En su discurso de presentación del texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos a la Asamblea General, una emocionada Eleanor Roosevelt, proclamó: "Nos encontramos en el umbral de un gran acontecimiento (...). Esta Declaración Universal de Derechos Humanos bien puede llegar a ser la Carta Magna de la Humanidad".

En sus memorias, escribió la siguiente reflexión: “En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En los pequeños lugares, cerca de nosotros; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en los mapas. Esos son los lugares en los que cada hombre, mujer y niño busca ser igual ante la ley, en las oportunidades, en la dignidad sin discriminación. Si esos derechos no significan nada en esos lugares, tampoco significarán nada en ninguna otra parte”.

"Muchas personas me atribuyeron cosas que jamás podría haber hecho por mí misma. Gran parte de la eficacia de mi labor se debía a mi asociación con otros"

En 1960, la que fue primera dama estadounidense entre 1933 y 1945 trató de responder a la pregunta "¿qué he aprendido viviendo?", y en esa tarea dejó reflexiones personales que recoge en una publicación bajo el título ‘Lo que aprendí viviendo’. Un par de ejemplos destacados:

- "Heredé la buena voluntad de mi marido... fui capaz de continuar con su labor, y muchas personas me atribuyeron cosas que jamás podría haber hecho por mí misma. Gran parte de la eficacia de mi labor se debía a mi asociación con otros".

- "Ricos o pobres, todos queremos que nuestros hijos reciban una buena educación. Ricos o pobres, todos pedimos el respeto de nuestros vecinos y tal vez su afecto. El amor y la muerte nos llega a todos, sean cuales sean las circunstancias en las que vivamos. En las grandes cuestiones que importan, las similitudes son mucho más grandes que las diferencias".

Mujeres para la historia de la Humanidad

Junto a Eleanor Roosevelt, como presidenta del Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, trabajaron otras mujeres cuya labor fue esencial a la hora de dar forma al documento. A continuación, se presentan algunas de ellas:

Entre 1947 y 1948, solo había otra mujer delegada ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas: la india Hansa Mehta, una firme defensora de los derechos de la mujer tanto en la India como en el extranjero. A ella se le atribuye el mérito de cambiar la frase de “Todos los hombres nacen libres e iguales” a “Todos los seres humanos nacen libres e iguales” en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

A la india Hansa Mehta se le atribuye el mérito de cambiar la frase de “Todos los hombres nacen libres e iguales” a “Todos los seres humanos nacen libres e iguales”

Minerva Bernardino, diplomática y líder feminista de la República Dominicana, fue fundamental en las deliberaciones sobre la inclusión de la “igualdad de derechos de hombres y mujeres” en el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Además, junto con otras latinoamericanas (la brasileña Bertha Lutz y la uruguaya Isabel de Vidal), desempeñó una función esencial en la defensa de la inclusión de los derechos de la mujer y la no discriminación sexual en la Carta de las Naciones Unidas, que en 1945 se convirtió en el primer acuerdo internacional en el que se reconocía la igualdad de derechos de hombres y mujeres.

Begum Shaista Ikramullah, del Pakistán, en su calidad de delegada de la Tercera Comisión de la Asamblea General (la Comisión de Asuntos Sociales, Humanitarios y Culturales), pasó, en 1948, 81 reuniones examinando el proyecto de la Declaración Universal de Derechos Humanos y defendió poner de relieve la libertad, la igualdad y la libre elección en la Declaración. Asimismo, promovió la incorporación del artículo 16, sobre la igualdad de derechos en el matrimonio, pues consideraba que era una manera de combatir el matrimonio infantil y forzado.

Fryderyka Kalinowski (Polonia), Bodgil Begtrup (Dinamarca), Minerva Bernardino (República Dominicana) y Hansa Mehta (India), delegadas de la Subcomisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, mayo de 1946 en Nueva York. ONU

La danesa Bodil Begtrup, presidenta de la Subcomisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en 1946 y, más adelante, en 1947, de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, defendió que la Declaración Universal se refiriese a los titulares de los derechos como “todos” o “toda persona”, en lugar de emplear la fórmula “todos los hombres”. Además, propuso la inclusión de los derechos de las minorías en el artículo 26, sobre el derecho a la educación, pero sus ideas eran demasiado controvertidas para la época. La Declaración Universal de Derechos Humanos no hace ninguna mención explícita a los derechos de las minorías, si bien garantiza la igualdad de derechos de todas las personas.

La francesa Marie-Hélène Lefaucheux, en su calidad de presidenta de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en 1948, defendió con éxito la inclusión de una mención a la no discriminación sexual en el artículo 2. Así, el texto final del artículo en cuestión reza lo siguiente: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

Evdokia Uralova, de la República Socialista Soviética de Bielorrusia, fue la Relatora de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer ante la Comisión de Derechos Humanos en 1947. Defendió con firmeza la igualdad de salario para las mujeres. Gracias a ella, el artículo 23 reza lo siguiente: “Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual”. Además, junto con Fryderyka Kalinowska, de Polonia, y Elizavieta Popova, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, puso de relieve los derechos de las personas que viven en territorios no autónomos (artículo 2).

Lakshmi Menon, delegada de la India ante la Tercera Comisión de la Asamblea General en 1948, abogó con contundencia por la repetición de la no discriminación sexual a lo largo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como por la mención de “la igualdad de derechos de hombres y mujeres” en el preámbulo. Además, defendió abiertamente la “universalidad” de los derechos humanos y se opuso con firmeza al concepto del “relativismo colonial”, con el que se trataba de negar los derechos humanos a las personas que vivían en países sometidos a dominación colonial. Sostenía que, si las mujeres y las personas sometidas a dominación colonial no se mencionasen de manera expresa en la Declaración Universal, no se considerarían representadas en la expresión “toda persona”.