En fechas navideñas, se multiplican los estímulos al consumo

¿Nuestro consumo es responsable?

En estas fechas, ante la llegada de las fiestas navideñas, los reclamos que incitan al consumo son constantes. Pero, ¿somos los consumidores realmente conscientes del impacto que nuestros hábitos de adquisición de bienes y servicios tienen en las personas y en el planeta?

11 Dic | Ch. D. | Soziable.es

Hace más de dos décadas que Naciones Unidas ya alertaba en el Programa 21 de que las principales causas de que continúe deteriorándose el medio ambiente mundial son las modalidades insostenibles de consumo y producción, “particularmente en los países industrializados, que son motivo de grave preocupación y que agravan la pobreza y los desequilibrios”. Por ello, entre sus objetivos establecía “promover modalidades de consumo y producción que reduzcan las tensiones a que se somete el medio ambiente y satisfagan las necesidades básicas de la humanidad”, así como “mejorar la comprensión de la función que desempeña el consumo y la manera de originar modalidades de consumo más sostenibles”.
Sobre el papel, todo el mundo parece estar de acuerdo en que el futuro del planeta pasa por transformar los hábitos de consumo de forma que, al adquirir bienes y servicios, el consumidor tenga en cuenta criterios como el impacto social, medioambiental y económico de sus compras. Sin embargo, en la práctica aún aparece lejano el horizonte en el que estos aspectos tengan verdadero peso a la hora de acudir al supermercado o hacer clic en la confirmación de compra de una tienda online. Lo mismo ocurre con las empresas, obligadas a cumplir una serie de criterios éticos y buenas prácticas en sus procesos de producción. Todavía son demasiado frecuentes las noticias que hablan de sobreexplotación de recursos, emisión de sustancias contaminantes o vulneración de derechos laborales básicos de los trabajadores, sobre todo en países en vías de desarrollo.
Por otro lado, las grandes empresas multinacionales dedican ingentes recursos para incitar al consumo, a través de la publicidad, y para crear en la sociedad unas supuestas necesidades que ellas mismas después se dedicarán a satisfacer.

Carmen Valor.

Frente a ello, ¿en qué consiste el consumo responsable? Según Carmen Valor, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Pontificia Comillas e investigadora sobre consumo sostenible y RSE, se podría definir como “decisiones que están motivadas por el bienestar de otros y no de uno mismo”. En realidad, según la investigadora, se trata de ser reflexivo, de pararse a pensar antes de consumir. “La primera premisa para ser un consumidor responsable es ser reflexivo y crítico, con uno mismo y con los mensajes que recibimos en una sociedad consumista como la nuestra. Sólo con esta actitud reflexiva y este espíritu crítico se puede construir el consumo responsable. Por eso algunos lo llaman consumo crítico”.

En este proceso de reflexión, caben dos variables: consumir o no hacerlo. De estas dos decisiones, según Carmen Valor, se derivan cuatro estrategias: “Si decido comprar en ‘mainstream’, en mercado tradicional, puedo elegir las marcas que tienen un mejor comportamiento, porque un sello certifica que el envase es más sostenible, o porque se trata de un consumo local, o porque tienen una huella ecológica menor. También puedo consumir en mercados alternativos, por ejemplo en comercio justo. Se trata de adquirir bienes que responden a una lógica diferente a los del mercado convencional, una lógica más compasiva, más respetuosa con los derechos humanos. Sobre la decisión de no consumir estaría la tercera estrategia, que sería no adquirir productos de aquellas marcas que tienen un peor comportamiento. Y la última sería no comprar, reducir mi consumo a lo elemental, meditar sobre las compras que hago. Pensar si realmente necesito ocho pares de vaqueros. Aquí hablaríamos del reciclaje, de la reutilización o del intercambio. Se trata de que la prioridad sea reducir nuestro impacto global”.

"No es cierto que tener más nos haga más felices”
 

 

Consumo y felicidad

Esa conocida cita que afirma que “no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”, parece confirmarse cuando al concepto de consumo, unimos el de la felicidad. Según Carmen Valor, “hay estudios sobre el nivel de satisfacción de los consumidores después de comprar excesivamente, y los resultados concluyen que esas compras son fruto de un consumo impulsivo.  La gente con menor nivel de felicidad tiende a comprar más, a ser más materialista, porque pone su meta en los bienes. Y la gente que decide comprar de forma sostenible o simplificar su vida tiene niveles de felicidad mayores. De esto hay evidencias. En todos los países los niveles de felicidad han caído mientras que la abundancia ha crecido, o sea hay algo ahí que falla. No es cierto que tener más nos haga más felices”.
Según esta investigadora, la tendencia está cambiando, aunque muy lentamente. En este sentido, afirma que “ya no funciona tanto lo de mostrar los bienes como una forma de posicionamiento social.  Los ‘millennials’ no usan los bienes para mostrar estatus, buscan más experiencias de consumo que de posesión. Y esto va a dar un gran cambio en todos los mercados”. Esa transformación ya se está produciendo en sectores como el de la venta de segunda mano, que ha crecido de forma significativa en España en los últimos años. También en el de la llamada economía colaborativa, una tendencia que, según los expertos, viene para quedarse. Para Carmen Valor, el consumo responsable atañe a todos los estamentos de la sociedad: “Todos tenemos un margen de acción, aunque nuestra labor sea una gota en el océano. Hay que empoderar a la gente para que se vea capaz de cambiar el estatus quo y de mover la rueda en otro sentido”, declara. 

Criterios para un consumo sostenible

La organización Ecología y Desarrollo (Ecodes) propone una serie de preguntas que el consumidor puede hacerse si lo que pretende es ejercer un consumo responsable. Entre ellas estarían algunas como: ¿Necesito lo que voy a comprar? ¿Quiero satisfacer un deseo? ¿Estoy eligiendo libremente o es una compra compulsiva? ¿Podría pedirlo prestado a un amigo o a un familiar? ¿He buscado información para conseguir mejor calidad y menor precio? ¿Cómo me voy a deshacer de él una vez que haya terminado de usarlo? ¿Está hecho con materiales reciclables? ¿Las materias primas que se usaron son renovables? ¿Hay algo que yo posea que pueda reemplazarlo? ¿Me he informado de quién y cómo se ha realizado el producto?
Según Ecodes, “como consumidor, debes hacerte estas preguntas y pensar a qué tipo de comercio quieres favorecer. No hay que olvidar que consumir productos locales, productos ecológicos o de comercio justo, productos naturales y productos reutilizados y reciclados, son sin duda las mejores opciones medioambientales y sociales”.

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