Pacto de Milán: Un modelo alimentario sostenible para las ciudades

Aunque apenas ocupan el tres por ciento de la superficie terrestre del planeta, son el hogar de unos 3.500 millones de personas, la mitad de la humanidad. Las ciudades pueden (y deben) desempeñar un papel clave en la erradicación del hambre y en la preservación de la biodiversidad, pero, ¿cómo? El Pacto de Milán trata de dar una respuesta.

25 Oct | Leonor Lozano | Soziable.es

En los siglos XIX y XX, la industrialización y las grandes guerras obligaron a muchas ciudades del mundo occidental a intentar autoabastecerse mediante huertos urbanos. Jardines particulares, los bordes de las vías de tren, campos deportivos, parques: cualquier espacio era apto para el cultivo. Hyde Park, sin ir más lejos, albergó una granja de cerdos durante la II Guerra Mundial.

El modelo alimentario por el que se rigen hoy las grandes urbes del planeta poco tiene que ver con aquello. Botellines con agua mineral de Islandia, frijoles chinos, chocolate belga… El consumidor del siglo XXI puede acceder, a un simple golpe de clic, a un mercado global de productos cada vez más industriales en el que la sostenibilidad, lamentablemente, brilla por su ausencia.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la producción de alimentos se ha triplicado desde 1945 y la disponibilidad media de comida por persona ha aumentado en un 40 por ciento desde entonces. Esos niveles de producción están degradando suelos, agotando el suministro de agua dulce e invadiendo bosques y, por si fuera poco, un tercio de esos alimentos acaba en la basura. “Tenemos que cambiar nuestros patrones de producción y consumo y nutrir a la población de hoy a la vez que protegemos a las generaciones futuras”, advierte Enrique Yeves, director de Comunicación Corporativa de esta agencia de la ONU.

159 ciudades comprometidas

Con 3.500 millones de personas consumiendo recursos y generando residuos, la FAO decidió tomar cartas en el asunto y promover el cambio desde las propias ciudades. La Exposición Universal de Milán fue el punto de partida: fue allí donde, el 15 de octubre de 2015, nació el Pacto de Política Alimentaria Urbana que lleva su nombre y que aspira a implantar un sistema más equitativo, saludable y sostenible.

De las 159 ciudades adheridas al Pacto, 11 son españolas 

El texto impulsado desde la capital lombarda (un marco teórico de adhesión voluntaria) compromete ya a 159 alcaldes, desde Banjul a Barcelona, pasando por Kyoto y Quito, en la búsqueda de soluciones locales para poner fin a la pobreza extrema y la malnutrición, para reducir el desperdicio alimentario, proteger la biodiversidad y adaptarse al cambio climático. Según Yeves, 11 de estas ciudades son españolas. Barcelona, Bilbao, Madrid, Valencia, Málaga, Pamplona, Zaragoza y Córdoba son algunas de ellas.

Siete compromisos, 37 recomendaciones

“Nos comprometemos a trabajar para desarrollar sistemas alimentarios sostenibles, inclusivos, seguros y diversificados, para asegurar comida sana y accesible a todos, con el fin de reducir los desperdicios de alimentos y preservar la biodiversidad y, al mismo tiempo, mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático”. El primer punto del Pacto resume ampliamente sus objetivos, pero no es el único. Con él, los alcaldes firmantes aseguran también que promoverán la coherencia entre sus distintas políticas e implicarán a todos los sectores del sistema alimentario para el desarrollo de programas, entre otras cuestiones.

Para cumplirlo, el documento recoge también 37 “acciones recomendadas”, líneas de actuación de tipo voluntario que los consistorios pueden “seleccionar a su discreción”. “Promover dietas sostenibles” desde las escuelas, transferir alimentos y/o dinero para asegurar el acceso a la comida sana a los sectores más vulnerables de población y apoyar las cadenas de suministro “cortas” son algunas de ellas.

Algunas ciudades se han puesto ya manos a la obra. Milán –por empezar con la ciudad que da nombre al Pacto– ha vinculado a los productores de arroz y queso de la zona con un programa de almuerzos escolares, y anima a los estudiantes a llevarse a casa los alimentos que no hayan consumido a medio día. Bristol (Reino Unido) ha aprobado un conjunto de medidas para combatir la pobreza desde la perspectiva de la alimentación sostenible, y en Gante (Bélgica) se han tomado en serio la reutilización de los desechos alimenticios: quieren “transformarlos” en el marco de un programa de economía circular.

Madrid: más huertos urbanos y mercados de proximidad

Entre las 135 ciudades de todo el mundo que se han adherido al Pacto de Milán figura una decena de capitales españolas. Madrid, una de las que lo ha suscrito, “comparte todos y cada uno de estos objetivos”, tal como afirma el delegado de Coordinación Territorial y Asociaciones del consistorio madrileño, Nacho Murgui.

Según explica el delegado, el Ayuntamiento de Madrid “ya está trabajando en estas cuestiones” a través de medidas concretas: “Estamos ampliando el número de huertos urbanos comunitarios, instalando mercados de productos ecológicos y de proximidad en varias plazas del distrito Centro, colaborando con el aprovechamiento en comedores sociales de menús cocinados en hoteles…”, señala Murgui. A finales de 2017 comenzarán las obras de la Escuela Municipal de Huertos Urbanos, en el distrito de Usera, y se instalará un mercado municipal de carácter estable en la avenida del Planetario, “para que los productores del entorno vendan sus productos de temporada directamente al público”.

¿Es utópico pensar que Madrid pueda surtirse al cien por cien de productos de proximidad? El delegado es realista: “Es altamente improbable que una ciudad de tres millones de habitantes se pueda abastecer con alimentos producidos en su entorno cuando las localidades limítrofes son también grandes y sus explotaciones agrícolas y ganaderas han perdido presencia en las últimas décadas”. “Lo que sí está claro”, prosigue, “es que las Administraciones públicas tenemos que hacer lo posible para revertir esta dinámica, por proteger las tierras productivas e impulsar la economía agrícola y ganadera de proximidad”. Advierte, sin embargo, de que esta tarea “excede las competencias de un Ayuntamiento como el de Madrid y necesitará del concurso de los gobiernos autonómico y estatal”.

¿Qué es eso de "alimentación sostenible"?

Según el director de Comunicación Corporativa de la FAO, Enrique Yeves, un sistema alimentario sostenible es aquel que proporciona dietas nutritivas para toda la población actual a la vez que protege la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus necesidades alimentarias. ¿El secreto? “Utilizar los recursos de forma eficiente en todas las etapas, desde el campo hasta la mesa: obteniendo la mayor cantidad de alimentos de cada gota de agua, parcela de tierra, partícula de fertilizante y minuto de trabajo; convirtiendo los productos residuales en fertilizantes o energía y, como consumidores, minimizando el desperdicio de alimentos”.

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