Brenda Chávez, autora de 'Tu consumo puede cambiar el mundo'

“Tenemos más poder cuando compramos que cuando votamos”

Con cada acto de consumo que ejercemos emitimos votos de confianza y activamos cadenas de abastecimiento que benefician a empresas que, en algunos casos, contribuyen a abusos sociales, medioambientales, económicos, culturales o políticos. La periodista Brenda Chávez advierte de ello en su libro “Tu consumo puede cambiar el mundo”.

15 Nov | L. L. | Soziable.es

Ha colaborado, entre otros muchos medios, con El País, con XL Semanal, Cuatro, Yo Dona y Calle 20; ha trabajado como redactora jefe en la revista Vogue y como subdirectora en Cosmopolitan y, por extraño que resulte, ha sido esta trayectoria la que le ha abierto los ojos. Convertida ya en "consumidora responsable", Brenda Chávez ha recopilado tanta información "como para escribir un libro", y eso ha hecho. El resultado es 'Tu consumo puede cambiar el mundo', un ensayo periodístico sobre el poder de nuestras pequeñas elecciones. 

¿Qué le hizo cambiar el chip y dejar la cultura en favor del consumo responsable?

Siempre me ha interesado el proceso creativo y productivo de las cosas, desde que algo es un boceto hasta que se acaba convirtiendo en una realidad y, siguiendo esa trayectoria, me he dado cuenta de que muchos de los bienes y objetos de consumo que compramos -¡incluso culturales!- esconden abusos ambientales y sociales. He tenido como anunciantes a muchas grandes corporaciones y, al documentarme sobre ellas para acudir a reuniones, descubría que, a veces, escondían historiales de abusos que nunca habríamos sospechado. Poco a poco empecé a pensar que, con mi consumo, podía recompensar modelos productivos justos y responsables, así que me volví una consumidora más consciente, me documenté en torno a las grandes empresas y, cierto día, me di cuenta de que almacenaba información para escribir un libro, con la que podría abrir los ojos a mucha gente sobre qué hay detrás de lo que consumimos.

'Tu consumo puede cambiar el mundo' llega de la mano de la editorial Península. ¿Qué tiene este libro que no tengan otros manuales de consumo?

Quizás, que aborda todos los sectores y que muestra tanto lo que estamos consumiendo masivamente como lo que podríamos utilizar como alternativa, opciones mucho menos nocivas para el medio ambiente y para las personas, ¡y menos visibilizadas!

"Animo a la gente a reflexionar. Muchas veces no somos conscientes de qué hay detrás de lo que estamos comprando"

Insistes en que “ha llegado el momento de pasar a la acción”. ¿Qué propones, en concreto? ¿Cómo podemos ejercer ese poder que dices que tenemos como consumidores?

Animo a la gente a reflexionar. Muchas veces no somos conscientes de qué hay detrás de lo que estamos comprando y qué conductas, a lo mejor nada respetuosas medioambiental, social, política, cultural y económicamente, estamos compensando. Qué cadenas de consumo estamos activando, o a qué empresas estamos premiando.

¿Tenemos más poder cuando votamos o cuando compramos? 

Votar es algo que hacemos cada cuatro años (al menos, en nuestro país), pero comprar es algo que hacemos todos los días. Diariamente damos nuestro dinero a una serie de empresas y ese dinero, ese premio, beneficia a veces a modelos productivos que, si supiésemos qué tipo de conductas compensan, igual nos lo pensábamos dos veces.

Nos invitas a “dejar de frecuentar malas compañías”. ¿A dónde podemos dirigirnos para saber si una empresa merece o no nuestra confianza?

Solo con este libro ya se puede ejercer un consumo responsable, porque no solo me quedo en la crítica, también propongo opciones que podemos consumir ya. Yo, que soy una consumidora responsable, llevo una vida normal y me ciño a un presupuesto, como todo el mundo, puedo decir que se puede comprar de forma responsable en cualquier sector: alimentación, moda, belleza, consumo infantil, banca, hogar, consumo infantil, turismo, mascotas… Y ello, sin que nos suponga un sacrificio ni desbarate el presupuesto.

"Todos podemos consumir de forma responsable sin que suponga un sacrificio"

¿Deberían también los gobiernos pasar a la acción?

Por supuesto, porque consumir responsablemente es una labor de todos: de las marcas, que tienen que dar más información; de los gobiernos, que han de exigir más responsabilidades, y de los consumidores, que tenemos que estar alerta y ser conscientes de a qué tipo de empresas recompensamos. 

Según afirma en el libro, pasar de la economía convencional a otra más responsable no supone ningún sacrificio. ¿Nos beneficiaría, entonces?

Dar el paso nos hace bien a todos. En el momento en el que recompensamos modelos productivos menos nocivos para el medio ambiente aliviamos el cambio climático y si, además, optamos por procedimientos más justos, reduciremos también la brecha social entre ricos y pobres, que cada vez es más espeluznante.

Como “consumidora consciente”, ¿cómo llena el carrito de la compra?

Cuando voy al mercado, elijo productos ecológicos locales; en cuanto a la moda, no acudo a marcas que no sean sostenibles (en Madrid, por ejemplo, hay una tienda llamada Circular Project, y hay muchísimas más a las que se puede acceder on line). Y lo mismo en cuestión de belleza, de banca (la banca ética es una buena opción, pues son empresas que no hacen inversiones nocivas para el medio ambiente, ni especulan), de energía (te puedes pasar hoy mismo a una cooperativa de renovables) o de transporte (puedes ir a pie o bicicleta, que es sanísimo; para grandes distancias, optar por el transporte público o por vehículos privados híbridos o eléctricos). Quien lea el libro se dará cuenta de una cosa: de que hay una realidad que se visibiliza poco y que está a nuestro alcance. El cambio, por lo tanto, es posible: todos podemos favorecer ya la transición a otros modelos económicos y productivos.

¿Hay señales de cambio?

Hay muestras, sí. El aceite de palma es un buen ejemplo: no son pocas las personas que huyen de los productos que lo contienen porque, además de poco saludable, arrasa selvas, deforesta y desplaza especies de su hábitat. ¡En el mundo hay 250 millones de consumidores deseosos de hacer las cosas bien! Y, al mismo tiempo, muchas medianas y pequeñas empresas trabajan ya para demostrar que es posible producir sin explotar, sin maltratar animales y sin contaminar. Estoy convencida de que se puede consumir de forma responsable y de que el cambio es real, aunque llevará varias generaciones. La única forma de conseguir un mundo mejor es pasar a la acción desde el presente.

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