En las uvas se observan maduraciones tempranas debido a las altas temperaturas

La sostenibilidad en el vino de Rioja: ¿cuestión de supervivencia?

El cambio climático supone un desafío para el vino de Rioja. La sostenibilidad para el sector vitivinícola no es una cuestión de marketing sino de supervivencia. En las Bodegas Campo Viejo son conscientes de ello y llevan años actuando sobre todas las fases de la elaboración de sus vinos.

Escultura de los artistas callejeros Okuda y Remed en el viñedo de la bodega Campo Viejo (La Rioja).

28 Oct | Ignacio Santa María | Soziable.es

“Si no hacemos nada, estaremos dejando pasar el tiempo y, cuando queramos reaccionar, será demasiado tarde”. El responsable de Viticultura de Campo Viejo, Mario Ezquerro, es categórico en su diagnóstico. Sabe que se están produciendo cambios drásticos asociados a la subida de las temperaturas porque lleva muchos años trabajando a pie de viña. “Si no vemos lo que está ocurriendo es porque no queremos. Hay cambios que nos afectan en nuestro día a día”.

La uva es un fruto muy frágil y sensible a cualquier variación climatológica, y en los viñedos se están observando maduraciones más rápidas de algunos componentes, lo que pone en peligro el equilibrio del vino. Las mediciones arrojan parámetros que no se corresponden con lo que ocurría hace tan solo unos años. “Es entonces cuando dices: ‘¡Aquí está pasando algo!’ Y se trata de ponernos las pilas, sin dramatizar, porque lo que hagamos va a ir en nuestro beneficio”, subraya el viticultor.

Otro problema que está poniendo en riego la sostenibilidad del sector vitivinícola es la excesiva presión a la que algunos agricultores están sometiendo a los viñedos con tal de obtener mayor rentabilidad económica. “Si quieres que tu viñedo dure 50 años, tienes que mirar a largo plazo; a una viña no le puedes sacar rendimiento en tres, cuatro o cinco años”, advierte Ezquerro, que lamenta que todavía haya gente que piense que una viña sostenible es la que te da dinero y en la que “cuantos más kilos de uva saques, más barato produces”.

M. Ezquerro: "Las viñas que sobrevivirán son las que mejor aprovechen los recursos naturales de su entorno"

Con 52.000 hectáreas de viñedo, Campo Viejo aporta el 12 por ciento de toda la producción del vino de Rioja. En esta bodega, con 60 años de historia a sus espaldas, están convencidos de que la sostenibilidad va por otra vía: la del respeto a la biodiversidad, la investigación, la innovación y la regeneración del entorno. “Lo que sí tengo claro es que las viñas que van a sobrevivir son aquellas que mejor aprovechen los recursos naturales de su entorno. Si no hacemos caso a eso, creo que nos equivocamos”, subraya el responsable de viticultura.

Para producir 30 millones de botellas al año, Campo Viejo se surte de la uva que le proporcionan 800 agricultores repartidos por toda la región. ¿Cómo se puede transmitir esta filosofía de la sostenibilidad a todos ellos? Ezquerro responde: “Es complicado cambiar las cosas en tan poco tiempo, pero todos compartimos la inquietud por adquirir el máximo conocimiento posible para poner en marcha prácticas alternativas en los viñedos y abandonar la comodidad de abrir el grifo de agua, echar fertilizante y pesticida, o plantar solo en zonas muy fértiles”.

Esas alternativas pasan por que las viñas crezcan de la forma más natural posible y con el menor gasto de recursos. “No podemos permitirnos el lujo de regar porque sí; si hay suficiente humedad en el suelo, no hace falta regar”, pone Ezquerro como ejemplo. Para ello, la tecnología ha aparecido en escena como el perfecto aliado. Una red de estaciones climáticas repartida por toda la región ofrece información detallada cada cinco minutos. Esa información está disponible para todos los agricultores a través de una sencilla app en la que pueden conocer la temperatura, la humedad relativa del aire, la humedad del suelo y recibir alertas de plagas, enfermedades o heladas.  

Los responsables de Viticultura y Desarrollo Sostenible, Mario Ezquerro y Estíbaliz Torrealba, respectivamente.

“Esa relación estrecha que tiene Campo Viejo con sus agricultores es un diamante”, valora el director de Viticultura, quien detalla: “El agricultor recibe muy bien esta información y nuestros consejos. Esta filosofía nos obliga a estar muy cerca de ellos para seguir hablándoles y darles confianza. A la vez nosotros también nos alimentamos de su experiencia. Hay que pensar que un viticultor viene de una tradición familiar y hay un legado de información que es de un valor incalculable”.

Del campo a la botella

En Campo Viejo la sostenibilidad no se queda solo en los viñedos. Desde el diseño arquitectónico del edificio que alberga la bodega hasta el peso de las botellas, pasando por todas las fases de elaboración del vino, aquí rigen en todo momento los criterios de la eficiencia energética, el ahorro de recursos y la economía circular. La enóloga Elena Adell nos enseña este vanguardista edificio, inaugurado en 2001, y diseñado por el arquitecto riojano Ignacio Quemada, discípulo de Rafael Moneo.

La bodega se mimetiza con el paisaje y está parcialmente soterrada para lograr un aislamiento térmico natural que proporciona una temperatura estable sin recurrir a calefacción ni refrigeración artificiales. Además, en palabras de la enóloga, “las uvas entran en la bodega aprovechando la fuerza de la gravedad. Se mueven por sí mismas, lo que reduce mucho el uso de vehículos para transportarlas”. 

La fermentación es el proceso químico natural por el cual el azúcar se transforma en alcohol y, por tanto, el mosto se convierte en vino. Pero este proceso acarrea un serio problema de emisiones ya que libera una gran cantidad de CO2. En Campo Viejo ya tenían prevista una solución al diseñar la bodega: “El carbono liberado durante la fermentación es capturado y conducido a través de un túnel subterráneo hasta el viñedo y el bosque que rodean a la bodega donde es absorbido por las plantas y árboles de forma natural en el proceso de la fotosíntesis”, explica Adell.

E. Torrealba: "Cada año reducimos emisiones de CO2 equivalentes a 277 viajes a la Luna en avión y ahorramos agua suficiente para llenar 18 piscinas olímpicas"  

A propósito de emisiones, Estíbaliz Torrealba, responsable de Desarrollo Sostenible en Pernod Ricard Bodegas destaca que Campo Viejo fue la primera bodega en medir y verificar la huella de carbono conforme a la norma ISO 14064 y a la ‘Wineries for Climate Protection’, certificación específica del sector del vino desarrollada por la Federación Española del Vino. “A lo largo de los años, hemos ido reduciendo esas emisiones trabajando en diferentes aspectos y basándonos en el protocolo ‘medir, reducir y compensar’”, explica Torrealba.

La bodega prácticamente no genera emisiones ya que no utiliza calderas ni combustibles fósiles, solo energía eléctrica 100 por cien renovable. La climatización del centro de visitantes funciona mediante un sistema de energía geotérmica.

En la fase de ‘packaging’, se ha reducido el peso de cada botella de vidrio de 550 a 390 gramos. “Si multiplicamos esta reducción del gramaje del vidrio por 30 millones de botellas que hacemos al año, esto supone tres toneladas menos de CO2 al año, el equivalente a 277 viajes a la Luna en avión o a 395 vueltas al mundo en automóvil”, señala la responsable de Desarrollo Sostenible. Para compensar esas emisiones, Campo Viejo participa en la repoblación de un bosque en Burgos.

Tanto el consumo eléctrico como el de agua está monitorizado. “Hay contadores por todas partes y también podemos saber dónde podemos generar ahorros”, señala Torrealba, quien pone de relieve que, mientras que el consumo medio de agua de una bodega española por cada botella de vino producida es de 2,24 litros, el de Campo Viejo es de apenas 0,76 litros. “Multiplicando este dato por una producción de 30 millones de botellas, nos da como resultado un ahorro anual de agua con el que podríamos llenar 18 piscinas olímpicas”. El vertido de agua es igual a cero, pues se reutiliza para regadío.

En cuanto a los residuos, la bodega se ha marcado el objetivo de eliminarlos por completo en vertedero para 2020. “Separamos todo y buscamos empresas recicladoras, que no siempre son fáciles de encontrar”, señala la responsable de Desarrollo Sostenible. Es más sencillo hallar recicladoras de orgánico, vidrio, papel y cartón. El desafío está en desechos como los flejes que rodean a las cámaras de botellas o la cápsula de aluminio y plástico que protege al corcho, para la que se están buscando alternativas.

Un gigante internacional comprometido con los ODS

Campo Viejo forma parte de Pernod Ricard, el segundo fabricante de vinos y espirituosos del mundo, un grupo con 19.000 empleados, presencia en 86 países y unas ventas netas anuales de 89.870 millones de euros. A pesar de este volumen y esta diversidad, el grupo ha trazado una hoja de ruta de sostenibilidad para todas sus filiales con objetivos que tienen que cumplir antes de 2030.

La hoja de ruta se sostiene en cuatro pilares: la protección de la tierra, el valor de las personas, la economía circular y el consumo responsable de alcohol. Ruth Chocarro, directora de Relaciones Institucionales, Comunicación y Sostenibilidad y Responsabilidad de Pernod Ricard Bodegas, explica: “Estos pilares están alineados con ocho objetivos de desarrollo sostenible (ODS) aunque alcanzamos de una u otra manera a 14 de los 17 ODS”.

Según indica Chocarro, la hoja de ruta establece unos objetivos generales, pero cada una de las filiales de los 85 países tiene que poner en marcha, en su negocio y centros de trabajo, acciones concretas para ayudar a alcanzar esas metas. “En nuestra hoja de ruta, además de objetivos, tenemos unos indicadores que cada año iremos pidiendo para evaluar cómo estamos, y corregir aquello que haya que corregir y celebrar aquello que haya que celebrar”, precisa la responsable de Relaciones Institucionales del grupo.

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