CICLO DIRSE-PYMES: EL VALOR DE LA FUNCIÓN DE RSC EN LAS PYMES

“Una empresa que hace trampas ni siquiera es una mala empresa, es un fraude”

“Muchos me han dicho que estoy loco”. Lo dice Antonio Javierre, un empresario de Monzón (Huesca) que se ha sentido muchas veces como un 'bicho raro' por su empeño en gestionar con criterios de RSC la microempresa familiar que dirige en el sector de la construcción. Sin embargo, gracias a ello, esta pyme ha salido reforzada de la crisis: "sin deuda, sin riesgos y con una elevada reputación". 

Antonio Javierre, director general de Javierre, S.L.

22 Abr | Ignacio Santa María | Soziable.es

La mayoría de las pymes ponen como excusa que no cuentan con recursos técnicos y humanos para poner en marcha una estrategia de sostenibilidad. Javierre S.L. ha desmontado este mito. Esta microempresa familiar, de apenas cinco trabajadores y con sede en la localidad oscense de Monzón, lleva 14 años aplicando los criterios de sostenibilidad en la actividad a la que se dedica: demolición, excavaciones y preparado de terrenos para la edificiación.

El autor de este milago es Antonio Javierre, director general de esta microempresa. “Estamos demostrando a todas las pymes que creen que todo esto es inaccesible para ellas que realmente es posible también para las pequeñas y no solo para las grandes”, dice este empresario.

"Estamos demostrando a las pymes que la RSC es posible también para las pequeñas y no solo para las grandes" 

En 1989 fundó la compañía junto a dos familiares. Doce años después sintió la llamada de la responsabilidad social mientras cursaba un máster en una prestigiosa escuela de negocios. “Allí se empezaba a hablar de ‘humanizar’ la empresa y esto me llamaba muchísimo la atención y se me grabó a fuego”. Así fue como su empresa, Javierre, S.L., se convirtió en una de las primeras pymes en adherirse a la Red Española del Pacto Mundial, alianza de organizaciones que se rigen por los 10 princios de gestión ética y transparencia de Global Compact (ONU).

Desde entonces, esta microempresa elabora un informe anual de sostenibilidad donde analiza toda su actividad y sus impactos desde la persepectiva de estos 10 principios de Global Compact y ahora también de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Al principio no fue nada fácil, como revela el propio Javierre: “El primer informe se lo encargué a un consultor externo porque yo no tenía ni pajolera idea y me costó una pasta. Pensaba: ‘Esto yo no me lo puedo gastar todos los años’. Encima tuve que dedircarle los ratos que podía durante casi dos meses”.

Además, este empresario sentía la soledad de quien predica en el desierto: “Yo pensaba: ‘Esto no lo hace nadie; solo yo pienso estas cosas; solo yo tomo todas estas notas en el día a día; solo yo pierdo tiempo en esto...’. Incluso dentro de la propia empresa no lo entendían”. Aun así, Javierre perseveró en sus esfuezos y en 2006 se adhirió a la inciativa de RSE de Foro Económico Mundial. “Fuimos la primera pequeña empresa de España en comprometerse firme y públicamente contra la corrupción y el soborno”.

“99,9 por ciento de corrupción”  

El hecho de que una empresa del sector de la construcción, que vivía en buena medida de la contratación pública, se comprometiera en público contra la corrupción y el soborno era algo insólito. “En aquel momento me decían que estaba loco, y es lógico pensar esto”. Y es que los amaños en los concursos públicos de obra civil estaban a la orden del día, según revela Javierre: “Una vez me invitaron a participar en una jornada de debate sobre la corrupción y alguien de la mesa preguntó en qué porcentaje estimábamos que estaba presente la corrupción en España. Alguno respondió que un 30 por ciento, otro que un 40, otro que un 50... Me faltó tiempo para decir: ‘Lo que yo noto en mi entorno de actividad es 99,9 por ciento’“.

“Cuando preguntamos a nuestros proveedores por sus emisiones de CO2 no tienen ni idea de por dónde les da el aire"

El empresario de Monzón reconoce que la nueva legislación sobre licitación pública ha introducido transparencia y ahora hay más oportunidades para todos, pero también ha ocurrido que ‘hecha la ley, hecha la trampa’, ya que para obras inferiores a 50.000 euros y servicios de menos de 15.000 no hace falta cumplir los requisitos que marca la ley y esto da pie a trocear los contratros grandes en partidas inferiores a esas cuantías para escapar del control.

Pero la política de integridad de Javierre S.L. parte de una convicción: “Si una empresa no es capaz de sobrevivir sin hacer trampas, no es ni siquiera una mala empresa, es un fraude. Y, en cambio, si una empresa es capaz de permanecer en el mercado y ser rentable sin trampas es la mejor del mundo. Y lo estamos consiguiendo”.

Trabajo digno y emisiones de CO2

Uno de los datos que llama la atención del informe anual de sostenibilidad de Javierre S.L es que apenas hay diferencia entre los salarios de los trabajadores con mayor y menor retribución de la empesa. “Los socios estamos cobrando lo mismo que un trabajador normal y reparto de beneficios no ha habido nunca en la historia de nuestra empresa. Llevamos ya casi 30 años y vamos justos como todas las pymes”, explica su director general.

Si llegan picos de demanda, la compañía a veces tiene que subcontratar servicios de otras empresas. “Cuando hacemos esto, exigimos que todo el personal esté contratado y tenga salarios de acuerdo con la legislación, y que la gestión de los riesgos de seguridad y salud la lleven como nosotros”.

El informe de sostenibilidad también refleja cada año las emisiones de CO2 que genera su actividad y la de las empresas subcontratadas. Un dato que no es nada fácil de obtener, según Javierre: “se lo preguntamos a nuestras empresas subcontratadas y no es que no lo midan, es que no tienen ni idea de por dónde les da el aire. Entonces, lo que hacemos es calcularlo a partir de la maquinaria y los camiones que utilizan”.

“Las grandes empresas dicen que mejoran pero en la calle no se nota. Hay mucha palabrería con esto". 

El empresario reconoce que las emisiones de CO2 han subido en los últimos ejercicios por efecto del crecimiento de la actividad: “Si un año tenemos ventas por 300.000 euros y al año siguiente facturamos 600.000, las emisiones lógicamente tendrán que subir”. No obstante, estas cifras aparecen en el informe con total transparencia. “También informamos de los indicadores que son negativos. No trato de esconderme porque sería como engañarme a mí mismo”, subraya.

El principal beneficio: vivir tranquilo

“Hace años intenté impulsar una franquicia de empresas que se guiaran por criterios de responsabilidad ética. Me recorrí toda España y nadie creía en esto. Fue un fracaso absoluto, total y rotundo”. Toda esta incomprensión no ha amilanado a Antonio Javierre quien, al contrario, se ha afianzado más en su convencimiento de que una conducta ética redunda en beneficios reales para la empresa: “Una deuda muy cercana a cero, ausencia de riesgos externos, una elevada reputación y la consolidación de un entorno de confianza con tus grupos de interés”.

El objetivo de este empresario no “es ganar mucho dinero, repartirlo, jubilarse y poder comprarse 'ferraris'”, sino “poder vivir de esto y, sobre todo, vivir tranquilo”. Por ello cree que merece la pena ser socialmente reponsable. En cuanto al panorama actual, Javierre admite que todavía queda mucho por hacer: “Las grandes empresas dicen que mejoran pero en la calle no se nota. Hay mucha palabrería con esto. No hay acción clara, definitiva y contundente en las grandes, y las pequeñas están empezando a tomar conocimiento ahora mismo”.

Sin embargo, el empresario oscense es optimista con respecto al futuro: “Ahora ya vemos los temas de responsabilidad social en las escuelas de negocios, en colegios, en institutos... Los chavales de 17 y 18 años empiezan a tomar contacto con estas cosas. Así que creo que en un plazo de ocho o diez años todo el mundo tendrá esto muy presente”. 

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